Adolescentes Amor Vida

Ángeles y Rolling Stones

De chiquita, me preguntaba siempre cómo a las chicas grandes les podían gustar los "chicos malos". ¿A quién le podía gustar una persona "mala" o incorrecta? ¿Alguien que transgreda, que sea antisistema, anti-todo? [...]

Por Julieta Mora


De chiquita, me preguntaba siempre cómo a las chicas grandes les podían gustar los “chicos malos”. ¿A quién le podía gustar una persona “mala” o incorrecta? ¿Alguien que transgreda, que sea antisistema, anti-todo?

Por mucho tiempo me enamoré de muchachos con rostros perfectos. Parecían, medio en chiste, medio en serio, ángeles de estampita. El último de los de esa clase era uno de esos “príncipes azules”. Verdaderamente hermoso. Y no sólo eso. Correcto, educado, dulce. A mis padres les agradaba, y él era bueno con ellos.

Hasta que un día conocí a un chico azul, pero que no era un príncipe. Tampoco un avatar. Era azul por su forma de ser, el aire que se respiraba a su alrededor. Él era puro misterio -de ahí su color-, pero también rebeldía. Era hermoso, también. Hermoso, porque luchaba por ver un mundo más justo, más sincero. Me hizo acordar un poco a mí, cuando era pequeña y aún peleaba por mis sueños. No como los chicos buenos, dóciles, que ante la primera palabra de autoridad retroceden.

Me enamoré.

Ese joven no era ningún ángel de estampita. Era, según mis amigas -las cuales se reían, sin comprender mi cambio rotundo de visión- más parecido a un rolling stone que a un ser etéreo.

Me enamoré de la rebeldía, de la lucha por los ideales, de la oscuridad, pero no la veía como algo malo. A veces, la penumbra es más clara que la luz. El cielo daba vueltas a mi alrededor, el mundo también.

Y sí, me enamoré de un rolling stone.

Estuve con el muchacho unos pocos meses. Luego de un tiempo sin vernos, me lo crucé por la calle. Le dije, “me hiciste recordar los tiempos más felices de mi vida”. Él se sonrojó, y esa fue la primera vez que mi chico malo demostró debilidad ante el mundo.

No quedamos en vernos ni hablarnos. Sin embargo, el chico siempre vivirá en mí. Porque él me enseñó que el rosa no es el color de la vida. Pero que tampoco hay que dejar de luchar por lo que uno sueña.

A veces cuando estoy sola, de noche, busco mi celular y, entre todas mis canciones, elijo Paint It Black, de los Stones. Y me echo a volar.

No como los ángeles.

Vuelo con mi imaginación. Porque la imaginación es algo que escasea en este mundo. Y yo la voy a hacer volar.


Leer más notas de la autora: De las villas, la miseria

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