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Prozac, sueño americano

A veces, se siente como si todos estuviéramos viviendo en una nación de prozac. Los Estados Unidos de la depresión”, afirma una joven Elizabeth Wurtzel en sus memorias, que llevan el icónico título Prozac Nation (Nación Prozac). Lizzie, de entonces veintiséis años, sin saberlo (o quizás, sabiendo más de lo que nosotros creemos) acabó por convertirse en el ícono de una generación: la gobernada por la industria farmacéutica. Y no sólo por el prozac, sino por todos los antidepresivos y medicaciones psiquiátricas, al fin y al cabo.

Ya varios conocemos lo que es el sueño americano: el deseo de progresar, vivir una vida de abundancia con nuestros seres queridos, con igualdad de oportunidades. El éxito. Sin embargo, este sueño no es exclusivamente de los norteamericanos, si uno lo piensa mejor. ¿Quién no quiere todo eso?

La industria de los fármacos puede, sin que nosotros lo sepamos, “ayudarnos a concretar ese sueño de éxito”. O al menos, para ello fue diseñado. Sí, como lo leyeron. Quizá para eso tenemos que entender un poco la historia del prozac y qué es, si no lo sabemos (muchos de ustedes quizás no entiendan del tema).

El medicamento -también conocido como fluoxetina- fue introducido en los Estados Unidos en 1988. En la década de los ’90, consiguió lo que antes ningún otro medicamento había logrado: estar de moda. Filas, filas enteras en las farmacias para conseguir prozac. ¿Se lo pueden imaginar? Capaz que ibas a pedir la pastilla de la felicidad a tu vendedor, y sin esperarlo, escuchabas murmurar a la persona que estaba adelante (como ser, tu vecina. Sí, esa que te riega las plantas cuando te vas de vacaciones):

Disculpe… pero… ¿quedó fluoxetina?”.

Si uno se pone a pensar, el sueño americano es eso. Prozac, simplemente, prozac. La dosis perfecta para la perfección, para salir del vacío, para ver la vida con nuevos ojos. Tener éxito.

Sin embargo, la industria farmacéutica ha expandido sus límites a todo el mundo. Ya incluso en Argentina es común conversar con alguien, para luego descubrir que también está medicado. Sea para la depresión, para poder dormir, para estar mal, para estar bien. Los psiquiatras te ven, te medican y te despachan. No vivimos en una Nación de prozac, sino en un planeta de prozac.

Ahora, el asunto es reflexionar cuándo es realmente necesario medicar y cuando no. ¿No será todo más que un vil negocio? Lo más probable es que sí. La pastilla de la felicidad. Alegría en cajitas. Placer en blisters.

En mi opinión, medicar no está mal. Pero sólo cuando es estrictamente necesario. Es sabido que la medicación psiquiátrica le ha salvado la vida no solo a adultos con depresión, sino también a adolescentes con ideas suicidas.

Cierro este post recomendando la película de Nación Prozac, que por el momento continúa en Netflix, protagonizada por Christina Ricci. Excelente si se quiere comprender lo que pasa una persona cuando tiene angustia, a una escala extrema.

¡Gracias, y hasta la próxima!

Leer más notas de la escritora: Ángeles y rolling stones

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