Reflexión

¿Vale perderse?

Viviendo, sintiendo y por sobre todo haciendo en un mundo tan grande, lleno de rincones diversos para inmiscuirse, ¿es válido decir "me perdí"? [...]

Viviendo, sintiendo y por sobre todo haciendo en un mundo tan grande, lleno de rincones diversos para inmiscuirse, ¿es válido decir «me perdí»?

Joaquin Paganetti (2)

Es todo tan extraño, ¿no? En el desarrollo del humano se pueden tildar varias características. Tenemos etapas, etapas de vida, extrañas para aquellos que no las interiorizan, porque todo lo extraño es lo ajeno a nuestra realidad. Mundialmente conocemos enunciados, ideas y pensamientos que pueden variar en el color de su envoltorio, pero, como sabemos, hay factores que terminan siendo los mismos para cada caso, para cada continente.

¿Es que hay un factor común? ¿Cuál sería, en caso de tenerlo? La sobrevivencia en un planeta donde como primera ley, los recursos naturales escasean ante la insaciabilidad humana, es interesante para destacar. Desde aquí, podemos vagamente «darle razón» a la injusticia, al egoísmo, a la inequidad: no fuimos hechos para destruir al otro ni para desinteresarnos por el mismo, pero una realidad existente e impuesta exige cierto control sobre el otro para vivir.

Qué seríamos sin el otro. Nada, absolutamente nada, porque la socialización es parte de la existencia. Porque lo necesitamos, realmente lo necesitamos. Hay un concepto de vida que debemos mantener. Ciertas reglas nos crearon y ciertas reglas reproduciremos para darle vida a nuestros hijos, nuestros sucesores, nuestros seguidores. Porque es este el círculo del que estamos hablando. De la especie que nace por causas que, si exceden a la naturaleza, desconocemos, pero que por sobre todo tiene razones humanas. Sin el sistema mundial, sin los enfoques realizados por el otro, ¿cómo podríamos pararnos sobre una mesa a reclamar igualdad? Es que nosotros no hemos creado la mesa, ni al megáfono. Los objetos ya creados tuvieron sus protagonistas, con intenciones y legados. De ello, nosotros tomamos lo que el camino optado muestra, lejos de los pantanosos mundos de al lado. Porque contradictoriamente vivimos todos aislados, sin saber qué pasa en el continente de al lado, o sin irnos más lejos, en la casa de al lado. Sin embargo, somos parte de un mismo conglomerado. Somos la humanidad.

navegando hacia la vida
«Lo que la vida nos dejó», por JOP

Y en esa representación, en esa configuración biológica y científica, ¿qué queda? La respuesta, se hunde en los engañosas lagos de la filosofía, que parecen ser los más cálidos y reconfortantes para hacer de nuestro cuerpo un ser libre y desnudo, nadando felizmente en el vacío (¿se puede nadar en el vacío) y en la falta de respuestas empíricas. Pero cuando nos damos cuenta de la «necesidad» de que exista una evidencia, una afirmación respaldada por la experiencia, por una mera problematización humana, sin razón filosófica en la razón de la humanidad que construye razones basadas en la historia de los cuestionamientos y justificaciones, basados en razones falibles, siendo lo falible otra construcción humana, comenzamos a hundirnos en la propia filosofía. Por eso, antes de incursionar en ella, lo más recomendable es tener al menos un flota flota. Éste se puede ver ejemplificado en la fortaleza, el eje y el sentido de la persona hacia la vida.

Por todo esto, nos vamos perdiendo. Perdiendo en un mundo que elegimos, que a veces puede ser lastimado, azotado por la violencia y al mismo tiempo hogar de los más grandes descubrimientos y momentos de paz y prosperidad. Así, somos parte de un mundo, que algún día, nos dice cuándo salir, cuándo corrernos hacia otro lado. Pero es parte de las creaciones humanas. Creaciones, que acompañan la vida, que no tiene autoria nuestra, porque sino ya estaría muerta.

La vida es parte de un mundo único, un mundo lleno de humanos. Tantos humanos, que a veces se pierden. Pero, ¿qué es perderse? ¿Acaso no es otra regla propia del mismo mundo? Sin respuesta, vamos «complejizando». Porque así es el tema. Ser humanos, es ser algo. Y en ese algo, nos perdemos, nos encontramos, nos amamos y también confrontamos. Todo, para seguir estando, en un mundo más desarrollado (humanamente), en un mundo más humano. Qué dirá la vida, qué le dirá al humano. Seguramente, un verso mal cantado. Porque ni con un verso de la propia vida nos conformamos. Así somos los humanos.

 


Leer más de Joaquín: La poderosa conciencia de internet

Escritor y estudiante. Fundó Humanidad el 2016 a sus 15 años de edad.

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