Reflexión Sociedad

El mal originado en la banalidad (o la estupidez y el conformismo)

Humanidad recomienda la lectura de Rubén Ríos, sobre Hannah Arendt. pensadora del siglo XX, para quien la principal característica del criminal nazi Eichmann, fue la incapacidad de pensar.

El mal banal de Eichmann, en definitiva, alerta sobre ciertas tendencias de los individuos atomizados y conformistas de la sociedad de masas“. Este es un extracto de la nota por escrita por @riosrubenh, doctor en filosofía, escritor y periodista, sobre el pensamiento de Hanna Harendt, acerca del totalitarismo. Humanidad se atreve a recomendar su lectura completa en la página web de Perfil. Comienza así:

“Con la lentitud de los grandes pensamientos, que llegan con paso de paloma decía Nietzsche, la obra de Hannah Arendt (1906-1975), la más destacada pensadora política del siglo XX y acaso sobre la deriva política del siglo XX, se revela poco a poco en los últimos años como portadora de los secretos de la modernidad e incluso de los tipos antropológicos que le pertenece íntimamente, los cuales han pasado desapercibido hasta hace poco tiempo.

Mejor dicho, aparte de los estudios académicos y monográficos que se le dedican en forma permanente, Arendt se hizo conocida en la cultura de masas por la película dirigida por Margarethe von Trotta y protagonizada por Barbara Sukowa, estrenada en 2012, un biopic centrado en el juicio del nazi Adolf Eichmann, atrapado en la Argentina por la inteligencia israelí, que Arendt cubrió para The New Yorker en 1961, a partir de la cual se difunde en general el concepto de banalidad del mal, el que muy pocos entienden, sin embargo, y los que lo entienden muchas veces preferirían no entenderlo debido a la terrible sospecha que despierta acerca de la moral del sujeto común y corriente.

Posiblemente ha mediado en todos estos equívocos la palabra “banalidad”, porque en realidad se trataría, en el fondo, de estupidez. Gilles Deleuze, en alguna oportunidad, ha dicho que la filosofía sirve para hacer de la estupidez algo vergonzoso y triste, pero habría que agregar que no cualquiera está dispuesto a entristecerse y aceptar, sin más, su propia estupidez. La de los otros, como se sabe, se acepta más fácilmente, y no siempre, en especial cuando se parecen a uno.

El concepto de banalidad del mal, que ha hecho famosa a Arendt a principios del siglo XXI, si Deleuze está en lo cierto, es filosofía en el sentido más elevado, porque precisamente apunta a que la estupidez sea reconocida como una cosa vergonzosa, y más todavía, como una inclinación humana, ya que los animales desconocen la estupidez (nunca se equivocan), que guarda potencialmente el peor de los males, porque afecta a muchos: el mal político. El pensamiento de Arendt, se adivina ya, no es sólo uno de los más prominentes de la filosofía política contemporánea sino, además o a la vez, una reflexión ética acerca de los que fueron sus grandes objetos de estudio: la sociedad moderna, las revoluciones modernas y el totalitarismo…

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