Reflexión

2020, el grito de Dios

Mientras muchos critican este año y lo insultan de arriba para abajo, otros tantos creen que de los infortunios se puede aprender grandes cosas. El escritor Ernesto Parga nos comparte su opinión.

Por Ernesto Parga Limón

Annus mirabilis y annus horribilis son expresiones opuestas que sirven para señalar que un año ha sido muy bueno o muy malo. El conjunto de los acontecimientos derivados de la pandemia nos ha puesto a meditar sobre esto. Algunos creen que este es, por definición, un auténtico annus horribilis que nos deja una secuela de tristeza y pérdidas. 2020, un año para olvidar al que habrá que darle la vuelta del almanaque de nuestra vida tan pronto como sea posible.

Por otra parte, hay voces que creen que este año debe ser recordado, ya que nos dejó innumerables lecciones al darnos un parón en seco. Nos obligó a reflexionar sobre las cosas importantes (la familia, los amigos, el trabajo, la vida misma), esas cosas que ya dormitaban, un tanto olvidadas, ante la fiebre de la prisa a la que todos nos fuimos acostumbrando.

En definitiva, lo que es cierto es que cada uno experimenta a su manera. Quizá no haya nada tan subjetivo en este mundo como el duelo y el modo en que cada persona pone cara a la adversidad. Cada cual tiene su ritmo al incorporar o desechar parte de lo vivido.

“En la tristeza pervive el amor”. – Elisabeth Lukas

La forma en que asimilamos al dolor es, indudablemente, una manifestación más de cómo somos, de nuestras creencias, de nuestra propensión natural al pesimismo o al optimismo. El duelo nos retrata mejor que nadie. Y la fe, la soledad, la compañía, el deber, el gusto por servir, ciertos hechos del pasado, etcétera, son elementos que de alguna manera delimitan la forma en que transitamos o nos quedamos varados en el duelo. 

Hay algunos que ven negro el arroz con un solo grano negro, y los hay quienes para verlo blanco solo es menester tener frente suyo un solo grano blanco.

Teniendo en cuenta las diversas formas con las que se pudo haber vivido el 2020, creo que el infortunio siempre deja sus enseñanzas. El dolor nos lleva a preguntarnos por su sentido, y también a preguntarnos desafiantes «¿por qué a mí?«. Las respuestas que afanosamente buscamos nos conducen por vía indirecta, ahora sí, a valorar lo que perdimos y lo que aún tenemos, y a enterarnos que otros también sufren igual o tal vez más que nosotros.

Ayuda mucho para mejorar la comprensión de este tema leer a los grandes pensadores y abrevar también del testimonio admirable de quienes, habiendo perdido a un ser querido en esta pandemia, siguen pensando que la vida merece la pena de ser vivida, acrecientan su fe, su compromiso y recuperan el valor de la generosidad. Contemplar la fuerza inquebrantable del espíritu humano y su capacidad de reconversión del dolor en amor son enseñanzas que se derivan de este tipo de sucesos.

Dios susurra y habla a la conciencia a través del placer, pero le grita mediante el dolor: el dolor es su megáfono para despertar a un mundo adormecido.”

– Clive Staples Lewis

Muchas personas dicen haber recuperado su sentido de empatía, aceptan que el “yo” era el eje cardinal de su existencia, que estaban ciegos a la realidad externa a sí mismos, y que hoy empiezan a ver con asombro la belleza que radica en la otredad. Coinciden con el escritor italiano, Cesare Cantú, que alguna vez sentenció: “El dolor tiene un gran poder educativo; nos hace mejores, más misericordiosos, nos vuelve hacia lo importante y nos persuade de que esta vida no es un juego, sino un deber.”

Si esto es así para muchos, si este año nos hizo mejores y más misericordiosos… todo habrá valido la pena. Annus mirabilis. Pero si todo es temporal, si este dolor resulta infecundo, si a la vuelta de unos meses volvemos al sitio en donde estábamos; corriendo desaforados solo en pos de lo material, olvidando de nuevo lo que realmente vale, habremos perdido la capacidad de aprender las lecciones que subyacen en toda adversidad. Entonces sí que este habrá sido un año horrible. ¡El más horrible de todos!

*Ernesto Parga Limón es maestro y escritor de México

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