Sociedad

Los que tropiezan, se caen y se levantan en pandemia

El coronavirus maltrata con secuelas económicas, sociales y psicológicas. La historia de tres amigos empeñados en salir del agobio, aplicando los nuevos protocolos sanitarios.

El despunte mundial del 2020, comenzó con un acontecimiento que sacudió cimientos. Una vez más, en la larga existencia de la humanidad, hubo un cambio brusco de hábitos a raíz del coronavirus, mortificante e incontrolable hasta ahora, a pesar de la esperanza puesta en las vacunas.

En plena pandemia, en un mar revuelto de ideas, son muchos los que salieron en busca de un salvavidas para poder flotar y no quedar aferrados a alguna piedra que los termine hundiendo aún más. Es el caso de tres amigos que, con mucha imaginación y ganas de hacer, apostaron con los pocos recursos que tenían a un proyecto que les diera sustento en 2021, tras la malaria de 2020 causada por el COVID-19.

En la lucha por la sobrevivencia, el trío tomó como bandera una canción de Alejandro Lerner y, a todo pulmón, apostó a un emprendimiento en un polo gastronómico de Palermo. Específicamente, en la zona de Plaza Armenia, habitualmente visitada por jóvenes argentinos y turistas extranjeros.

Los emprendedores se unieron en la crisis y, de un periquete, montaron un restaurante para intentar capear el temporal. Abrieron, así, las puertas de un local al público, sobre la calle Malabia de ese clásico paseo poblado de inmigrantes, apenas las autoridades del Gobierno de la Ciudad establecieron protocolos sanitarios precisos para el funcionamiento de los comercios de comidas y bebidas.

Lo hicieron con alma y vida, entre los bamboleos por los descontroles nocturnos o las reuniones sin las previsiones necesarias, como los que estuvieron expuestas en los últimos días en la costa bonaerense o en localidades del interior, como la cordobesa de Santa Rosa de Calamuchita.

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Desafiaron riesgos en pleno mes de enero, cuando muchas personas partieron a vacacionar hacia otros destinos de la rica geografía argentina. Ellos se quedaron en la ciudad del cemento a sudar la gota gorda para «pasar el verano» y planificar tareas del resto del año.

En eso estaban cuando se conocieron las restricciones horarias por la noche, de acuerdo con las modalidades de cada distrito y/o jurisdicción. Un hecho objetivo desvela: el temido coronavirus en lugar de aflojar, amenaza – hay indicios ciertos -, con una nueva ola de contagios.

Aún así, el trío reaccionó amablemente para surfearla de la mejor manera posible. Atendió las nuevas directivas bajadas por el ministro de Salud, Fernán Quirós, coordinadas previamente con la cartera nacional de Ginés González García.

«Esta circunstancia es un tropezón más, una caída de la que nos volveremos a levantar», dijo a Humanidad Hernán Rechmann, portavoz del grupo.

«Coordinamos con las autoridades y cumpliremos con todas las precauciones para que en nuestro negocio no se enferme nadie», agregó este pequeño empresario, nacido y criado en Villa Crespo.

«De este combate – subrayó alejado de las grietas prefabricadas -, saldremos entre todos, dejando a un lado las diferencias. Claro que va a costar, pero no está muerto quien pelea».

Saben que no pueden bajar la guardia; y que deben tener los ojos bien abiertos para que la caída no sea más que eso, una caída que sirva de resorte para pararse y seguir batallando.





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