Argentina Política

Kicillof aceptó (¿?) el convite de Milei a un diálogo de unidad nacional, pero no al «delirio centralista»

El gobernador de Buenos Aires dijo que hará frente al llamado al Pacto de Mayo hecho por Milei. Le reconoció legitimidad democrática, pero no de ejercicio e hizo una fuerte defensa del Estado y el proteccionismo, igual que ocurre en EEUU, Europa e Israel.

Al decálogo de condiciones de Javier Milei para formalizar el Pacto de Mayo, el gobernador Axel Kicillof le contrapuso uno opuesto de “diálogo y unidad nacional” en contra de lo que consideró “un delirio centralista” que recrea, en pleno siglo XXI, a contramano de lo que sucede en el mundo, la lucha entre unitarios y federales.

“Se nos lanza un invitación que más que una invitación a dialagar es una  amenaza. ´Si aprueban las leyes van a recibir los recursos que ilegalmente se les quitaron´, nos dicen. Contestamos: cuenten con nosotros para reuniones de trabajo, incluso para debatir, pero si es para fotos y marketing, arranquen no más sin nosotros porqué no llegamos”, fue uno de los tramos sustantivos del discurso de Kicillof de hoy en la apertura de la asamblea de la Legislatura bonaerense.

Las expectativas, incluso las de los libertarios, estaban centradas en la respuesta del mandatario del primer Estado argentino. En un documento difundido en exclusiva por Humanidad, pidieron que dejaron de lado su «intransigencia».

Fue todo lo contrario. En un discurso cuidadosamente elaborado, Kicillof señaló que en menos de 90 días, lo único que hizo Milei es promover la “descomposición social” en la Argentina y viajar a un encuentro conservador en los Estados Unidos, para pregonar que “Occidente está en peligro”.

“La que está en peligro – le enrostró – es la unidad nacional. Presidente, no queremos ser Irlanda, queremos ser Argentina”.  Y reafirmó su realineamiento con otras provincias. “Ninguna crecerá si el país salta al vacío…no nos puede robar el derecho al futuro”, se plantó.

¿De qué Pacto estamos hablando?

Desde el vamos de su exposición, quien fuera ministro de Economía de Cristina Kirchner e inauguró su segundo mandato territorial, calificó de “extravagante” el experimento de Milei, al que le reconoció sustento democrático por ser votado por el 56%, aunque le demandó “legitimidad de ejercicio”, a tono con el mensaje llegado desde el Vaticano, por “el hombre más importante” de la Argentina.

Se colocó – por si hiciera falta – en las antípodas del modelo de Milei, respaldó la acción estatal, los planes de infraestructura y la reactivación de la industria nacional, entre otros tópicos.

“Los problemas no se solucionan con motosierra ni con dinamita, ni con más ajuste, sino con más educación, más patrulleros, más obras”, sintetizó.

Reconoció que, a nivel nacional, “ganó otro rumbo” que él no comparte, pero, indicó,  “es el pueblo el que manda. Lo respetamos, aunque consideramos que esas esperanzas han sido brutalmente traicionadas”.

Tras reiterar que hay que respetar la voluntad del voto democrático, le dijo a Milei (todo el tiempo le habló a él) que también fueron elegidos por la ciudadanía gobernadores e intendentes que no pertenecen a La Libertad Avanza. Le recomendó que “aprenda a convivir” y deje de lado “la extorsión con la que fundirá a las provincias o las amenazas con los que no están de acuerdo con sus ideas y proyectos”.

“No se trata de aprietes”, indicó Kicillof y desglosó sus políticas en favor de los más vulnerables, la clase media y las PyMes, sin “sacrificar de manera inconducente al pueblo”.

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Aseguró que el planteo de Milei no es novedoso: es ortodoxo y lo hace más rápido que sus antecesores liberales. Desaprobó con nombre y apellido al ministro Luis “Toto” Caputo, “campeón de la fuga”, según definición hecha por el libertario en  el pasado, a Patricia Bullrich, Luis Petri y Federico Sturzenegger y defenestró al DNU y la Ley Ómnibus. ¿Hacía falta algo más?.

Sí. Desaprobó el discurso “violento” y “el goce sádico” que conduce a la transferencia de recursos de los pobres a los ricos. Admitió que se venía de un proceso inflacionario con Alberto Fernández, pero que él lo agravó queriendo “desintegrar” al Estado.

Llamó la atención el acento puesto en el régimen representativo, republicano y federal y la defensa de la división de poderes. Avisó que como (Milei) juró por la Constitución “desertará de sus obligaciones si no la respeta y se inclina por un terraplanismo ideológioco y cultural”. Agregó que eso conducirá “a la pérdida de soberanía y la vigencia de la ley de la selva. (La sociedad) no es una cadena alimenticia donde el más fuerte se come al más débil”.

Asentado en la provincia, estimó que Estados Unidos, Europa e Israel son “proteccionistas” y cuidan a sus ciudadanos, limitando “la interferencia extranjera”.

“Milei quiere destruir al Estado desde adentro y el Estado es más necesario que nunca”, sentenció.

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Recomendable la nota de Damián Nabot, en La Nación de ayer. En algo se parece a lo anticipado hace un tiempo por Roberto Navarro, en El Destape. Busca reunir «masa crítica» para enfrentar el llamado de Milei a los gobernadores.

¿Diálogo? Kicillof mencionó que Milei hizo una devaluación formidable de 118%, “sin piedad, sin ninguna medida de compensación, buscando la sumisión, la resignación y el abandono. Le dejó la libertad de comprar solo al que puede”, insistió.

También consideró “disparatadas” sus proyecciones inflacionarias que alcanzaron “imaginariamente” 17 mil por ciento, “Es acaso el único en el planeta que festeja los monopolios y las concentraciones económicas”, leyó. Y añadió que con lo único que cumple es con los pagos de los servicios de la deuda externa, hasta con el reproche de funcionarios del FMI, que le advirtieron sobre el descuido de la población de menores recursos y sobre una inminente recesión.

El nudo central del discurso de Kicillof, fue la cara apuesta a la moneda de Milei, hasta en los aspectos históricos retrotraídos a fines del siglo XIX. Aseguró que sus ataques “van contra todos los gobernadores, con 900 obras pendientes en todo el país, los trabajadores y la coparticipación”.

Como corolario, Kicillof reclamó en forma “urgente, montar y fortalecer un gobierno más sensible y protector que nunca”. Aceptó que sin la ayuda nacional, las provincias tendrán “posibilidades limitadas”, que deberán suplir con más esfuerzo.

Y delineó algunas medidas a las que echará mano: la ley de financiamiento aprobada por la Legislatura; inversiones en educación; gravámenes más justos para que contribuyan las 254 empresas que “más tienen y pueden”; replanteos para que vuelva la obra pública que afecta a los 135 municipios bonaerenses, fondos para los docentes y los comedores escolares y “el firme rechazo al proyecto de dolarización”.

Por si fuera poco, rechazo una vez más el DNU en todas sus variantes, y abogó por el dragado del Canal Magdalena. No dejó de reivindicar tampoco los derechos soberanos sobre Malvinas.

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Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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