Un área sensible – entre tantas -, del nuevo gobierno libertario, es la aeronáutica nacional, donde la convivencia debe armarse con un gremio combativo (el titular de los pilotos, Pablo Biró advirtió que “si se quieren cargar Aerolíneas, me van a tener que matar”) y funcionarios que vienen de la lejana gestión del camporista Mariano Recalde. ¿Explotó todo? Para nada. Los conflictos se resolvieron sin ruido y rápido. ¿Qué pasó? A los trabajadores les aceptaron las paritarias. Hubo un problema con una vianda para el personal de a bordo, en el que las autoridades dieron marcha atrás para dejar a todos contentos. ¿Qué estaría indicando todo esto? Que el licenciatario de Aeropuertos 2000, Eduardo Eurnekián, antiguo empleador de Javier Milei, no quiere “lola”. En el espacio, aéreo y terrestre -ordenó-, debe haber paz para que el negocio vuele. Nadie, por ahora, habla más de la privatización de AA, la línea de bandera nacional. Todo sigue con una «extraña» placidez.
Amigos son los amigos
¿Va a explotar la situación entre los combativos gremios aeronáuticos y el gobierno? Para nada. El status quo se mantiene (¿privatización? ¿qué es eso?), y un empresario poderoso mantiene los hilos por detrás.


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