Iglesia Política

La Iglesia demandó dar una «mano a los pobres» y denunció a los que «las tienen en sus bolsillos»

La 124° Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal, tomó partido en la actual coyuntura económica y social, "por los más frágiles". Denostó el "individualismo" y a los que "tienen las manos manchadas de complicidad". La influencia de Francisco.

Un descarnado documento emitieron hoy los obispos argentinos: «Son tiempos difíciles y complejos, por momentos contradictorios, en los que conviven una esperanza y paciencia honda de nuestro pueblo, que habla de su grandeza de corazón, con una incertidumbre y una creciente vulnerabilidad de las personas», se pronunció la Conferencia Episcopal, bajo la advocación del papa Francisco, en un documento en el que propuso «amar a los demás y alegrar sus vidas».

Tras deliberar una semana en Pilar, los obispos concluyeron en que «hay muchas situaciones que atentan contra la dignidad infinita de la persona humana: avanza la pandemia silenciosa del narcotráfico, que utiliza a los pobres como material de descarte, que promueve el sicariato, que seduce con dinero manchado de sangre a miembros del ámbito político, de la justicia y del mundo empresarial; a muchos abuelos y abuelas se les presenta el drama de elegir entre comer o comprar los medicamentos porque la jubilación no alcanza; cierran comedores comunitarios por falta de asistencia y muchos vecinos se quedan sin la posibilidad de esa comida en el día; se ataca la vida inocente que no ha nacido, y, a la vez, la igualmente sagrada vida de millones de niños y niñas ya nacidos que se debaten entre la miseria y la marginación; asistimos a la discontinuidad de políticas públicas de integración de barrios populares, logradas con el consenso de gobiernos de distintos signos políticos y representantes legislativos; también familias despojadas de su tierra natal en beneficio de intereses económicos; hermanos que pierden su trabajo, que sienten que su vida está de sobra, y que no pueden poner el hombro en la construcción de la Patria».

Basados en las enseñanzas de San Alberto Hurtado (en el documento de Aparecida de 2007), los religiosos nacionales plantearon «amar a los demás con gestos, porque nuestros gestos – enfatizaron -son el modo de demostrarle a nuestro pueblo que entendemos su dolor. Advertir sus heridas y vivirlas en proximidad y cercanía. Tomar partido por los más frágiles, defender su dignidad, implicarnos personalmente en sus gozos y esperanzas, en sus sufrimientos y problemas».

El documento oficial

En clara alusión a la coyuntura actual del país, dijeron que «tender la mano al pobre, destaca, por contraste, con la actitud de quienes tienen las manos en los bolsillos y no se dejan conmover por la pobreza, y los que tienen las manos manchadas por la complicidad».

Tras indicar que «la verdadera alegría tiene que ve con el sentido de la vida, con la experiencia de tener un horizonte», el documento sentenció que en el actual panorama social y económico «es fundamental sostenernos en esa alegría, una alegría profunda y duradera, la que nace del encuentro con el Señor. Es una alegría que nos libera de la desesperanza y del desaliento, evitando transformarnos en profetas de calamidades que sólo desparraman pánico y angustia».

Se mostraron convencidos luego de que «el amor con gestos concretos y la alegría son el anuncio más explícito del Evangelio en una sociedad que parece vivir en el constante enfrentamiento, donde priman el individualismo y una libertad sin amor».

«La alegría y la esperanza van inseparablemente unidas. Pidamos el don de la
esperanza que nos sostiene en tiempos difíciles y a la vez nos anima hacia
adelante – remarcaron -, sin bajar los brazos, tomados de la mano de los más vulnerables con los que vamos haciendo camino para, entre todos, construir la Patria de fraternidad que anhelamos y por la que tantos dieron su vida».

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