En la Argentina, como si fuese una joda (no lo es, ni mucho menos), se blande el escudo «No hay plata» para surfear el descomunal ajuste que siempre sufren, con variantes mínimas, los mismos. Como un déjà vu marcado a fuego. El matemático Pitágoras, como se escribió hoy en otro lugar de Humanidad, dijo que al necio se lo reconoce por su verborragia incontrolada y al sabio por su prudente silencio.
Esto viene a cuenta del embrollado proceso encarnado en el presidente anarco-libertario Javier Milei (legítimo ganador de las elecciones, ahora experimentando en la práctica lo que aprendió de la escuela suiza). Lo hace a contramano de una idiosincracia – ¿desteñidamente peronista? – que reconoce errores sustantivos colectivos, y que no le encuentra la vuelta para resolverlos con un mínimo de desprendimiento personal y armonía colectiva.
El nuevo encuentro del «anticomunista» con el magnate Elon Musk, y su adhesión – incondicional, según reasegura – a Estados Unidos e Israel, además de la shockeante admiración por la exdama de hierro Margaret Thatcher, «héroe» para los ingleses (como los que fugaron moneda fuerte), reafirma la impresión que tiene signadas sus esperanzas en el apoyo externo.
El cocinero de Humanidad tuvo oportunidad de viajar al país del Norte y tener un ocasional encuentro con un alto funcionario del Fondo Monetario Internacional:
–¿Abrir la billetera ahora, como pidió «Toto» Caputo? Umm. Verde, como las uvas de la fábula de Esopo. «Esto recién empieza. Es muy temprano. ¿Qué son cuatro meses? Todavía no amanece, si bien es cierto (Milei) que está poniendo orden en las cuentas públicas y la inflación está bajando (NR: eso que se lo cuenten a los jubilados y a los que ganan menos de 300/400 mil ARS), no se ve sustentable en el tiempo».
Los funcionarios del organismo que encabeza Kristalina Giorgieva (donde, claro, en la balanza, pesa más que nadie EEUU), señalan dos puntos en medio de la etérea naturaleza argenta, con liderazgos y alternativas huérfanas. Uno bueno y otro malo: hay un parate meritorio en los precios proyectados, pero – ¡atención! -, la recesión es más profunda que lo imaginado por mentes febriles.


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