En una reunión de empresarios del establishment, un mediático economista hizo un planteo rayano con lo existencial. A favor, en general, con el rumbo trazado por el gobierno libertario, deslizó una crítica al presidente Javier Milei, por forzar en exceso la máquina del ajuste en pos del equilibrio fiscal. «Con solo observar las matanzas en Medio Oriente y la guerra en ciernes, Argentina es un paraíso al que habría que preservar con inteligencia y sin tanta verborragia violenta», razonó.
Popularizado por un diminutivo, el afable interlocutor reconoció no entender mucho de aviación, pero contó que le explicaron que en el despegue hay un momento crucial con velocidades de referencia para lograr un despegue satisfactorio: V1, de decisión y V2, de seguridad. Dijo que Milei encendió los motores y, sin reparar en los desperfectos que están a la vista, elevó la punta de la aeronave a las fuerzas del cielo que son las que – según afirma – le dan amparo.
Intervino entonces un industrial con acento extranjero que, en perfecto castellano, desplegó sus conocimientos en la materia, ya que es piloto. Brindó algunas precisiones técnicas y comentó que si bien hay alternativas, la altura alcanzada ya por el Presidente, no le ofrece la posibilidad de desarticular su empinada maniobra y poder apagar los motores: o endereza la nave en el firmamento y enfila hacia su objetivo o se estrella.
Palabras más, palabras menos, la reproducción del intercambio. Para no cansar con la fábula de la rana y el escorpión, de la que ya sabemos como se abortó la travesía. La naturaleza del personaje, en este caso, es comparable a la de un chico caprichoso y agresivo, al que no le gusta andar lento, en precaucion por la vida de los pasajeros: nada menos que los millones que viven en la Argentina. Una diferencia con el PRO de Mauricio Macri: en el mileísmo todo es shock, como promocionaba antaño Susana Giménez, su entrevistadora del domingo, donde reveló las paces comerciales con la China «comunista».
Milei ya vetó las paupérrimas mejoras que el Congreso había aprobado para los jubilados (con el aporte de «87 héroes», que lo celebraron con un asado en Olivos), y hoy le bajó el dedo legalmente a la ley de financiamiento universitario, tras la masiva convocatoria desplegada ayer por la zona del parlamento y sus adyacencias. El Legislativo ya fue comunicado. Ahora debe responder en consecuencia, en una problemática tan transversal como la de los jubilados. Pero los mayores, algo comprobado a lo largo de la historia, no tienen la fuerza que los estudiantes y académicos de la carrera terciaria pública. Hasta el entonces ultrapoderoso Domingo Cavallo lloró ante la recordada luchadora Norma Plá, durante el menemismo redivivo.
Un cronista de Humanidad, que recorrió la marcha de la víspera, comentó que si bien el número de asistentes fue impresionante, notó «desencanto y apatía» entre los concurrentes. «Fue muy a la europea, salieron a la calle porque había que estar ahí, pero los expositores, salvo las dos mujeres, no les movieron un pelo. ¿Fervor?: casi cero».
La falta de entusiasmo de la multitud al escuchar expresiones «obvias» le resultó «patético» al periodista. «No hubo conexión». Esta falta de articulación en la oposición, más la carencia de un vector convocante, facilita el ascenso vertiginoso de Milei. ¿Quién sabe hacia dónde?
El cocinero político del portal quiso ajustar el diálogo inicial, por un principio de fidelidad hacia los interlocutores a quienes frecuenta y que dejaron pasmados a los otros oyentes.
–En el despegue hay un momento que llamo A1: el avión está carreteando y el oficial puede arrepentirse y no despegar. Hay otro instante, A2, que dura hasta dos segundos, en el que el piloto – aún con cierto riesgo calculado -, también tiene la opción de abortar la salida.
-Hay otro santiamén, un soplo, en este caso, un B1: el avión solo puede elevarse; el capitán no puede tomar otra decisión más que remontar, porque si intenta hacer lo contrario, se estrella.


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