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«No se habla con el Diablo»: la vigencia de los mensajes de Francisco

"Si empezas a dialogar con Satanás, estas perdido", dijo el cristiano argentino, quien no dejó de hablar con la claridad que lo caracterizó, incluso llegando a las más altas cumbres.

«El mal no es la niebla de Milán. Es una persona», dijo en italiano el antiguo Papa Francisco, en una de las entrevistas que recuerdan sus claros mensajes. Advertía entonces que «Satanás es astuto», y que después de un cierto tiempo de haberlo echado, estando uno distraído, «vuelve con siete peores que él».

«Satanás no entra a la casa a la fuerza. No, es muy educado». Por esta razón el cristiano argentino llamó a ser «astutos» para discernir sus mentiras. Mentiras o verdades, con aquel mal «no se debe dialogar». Para ejemplificar esto habló de Jesús, quien solo se comunicó con las palabras de Dios (en el desierto donde fue tentado tres veces), o echándolo.

«Si empezas a dialogar con Satanás, estas perdido«

Los episodios de descontrol afectan a quienes son de carne y hueso, entre ellas la Madre Teresa de Calcuta. El arzobispo de aquella ciudad, monseñor Henry De Souza, contó que la receptora del Premio Nobel de la Paz (1979), había sufrido «tentaciones».

Este hecho habría ocurrido en el hospital donde la religiosa estuvo internada en sus últimos años de vida. Según detalló Clarín en el año 2001, el obispo afirmó que «se ponía muy nerviosa por las noches, cuando de día estaba muy tranquila», por lo cual llegó a la conclusión de que «estaba bajo la influencia del diablo».

Algo notablemente anecdótico al lado de la vida y obra de esta mujer, trabajadora de los más vulnerados en la India. Echando luz sobre los exorcismos, el monseñor José Bonet Alcón aclaró en el mismo artículo que existen «tres estadios en la actuación del demonio», razón por la que Teresa de Calcuta no tuvo que ser exorcizada.

El primero consta «en tentar a la persona, sobre todo a aquellas que son buenas«. El experto en teología mencionó a San Benito y San Antonio de Padua, quienes «sufrieron tentaciones muy fuertes, por lo que debieron luchar duro contra ellas».

El segundo estadio es la «obsesión demoníaca», una tentación «persistente» que puede confundirse con una neurosis compulsiva (sic), pudiendo haber agitación física. Por último nos encontramos con posesión diabólica, donde «el demonio se apodera de alguien».

Aquello ya requiere un exorcismo hecho y derecho, y resulta «raro» en quienes han vivido de manera ejemplar (sic).

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