El periodista Nicolás Mancini, de 29 años, conversó con Humanidad sobre su viaje a China en el marco de un programa promovido por la embajada de ese país. Fue uno de los seleccionados en el diario Clarín para conocer las costumbres y la vida en el gigante asiático.
Especializado en cine y egresado de la FUC, Mancini vivió de cerca el orgullo chino, tanto por lo arquitectónico y tecnológico como por lo cultural. De hecho, mencionó el gran interés de China en directores latinoamericanos, a los que buscan para sus festivales.
Tuvo la oportunidad de apreciar la «enorme industria de cine«, degustar comidas locales, cubrir eventos, recibir clases de historia, y visitar sitios históricos, entre ellos la Gran Muralla china. Allí experimentó una escena increíble: la cerraron al público para que pudiera grabar una escena de una película que estrenará próximamente.

¿Cómo surgió la idea de viajar a China?
No lo tenía pensado. En agosto del año pasado me consultaron las autoridades del diario si yo quería viajar cuatro meses a China. Tuve la noche para pensar, lo charlé con mi pareja de aquel entonces, que vivíamos juntos, y al día siguiente les dije que sí.
¿Fue un ofrecimiento de la embajada china?
Sí. Hasta ese momento no sabía que existían estos programas para periodistas. La embajada china los organiza cada cuatrimestre, para hacer conocer “la otra cara de China”, distinta a la que muestran generalmente algunos medios occidentales. Según dicen, estos medios son más tendenciosos respecto a lo que suele pasar allá. Te invitan a conocer su verdad.
¿En qué consta el programa?
Todos los periodistas se alojan en una zona de embajadas de Beijing, cada uno en un departamento de unas torres espectaculares. Se rige con una agenda que va desde coberturas en eventos políticos hasta visitas turísticas. También incluye clases relacionadas a China, su historia, visitas a fábricas, y además te dejan mucho tiempo libre para que recorras y descubras por tu cuenta.
¿En dónde se hacían las clases?
Eran en un salón de usos múltiples del complejo residencial. Ahí habían aulas y teníamos clases dos veces a la semana.
¿Fuiste solo?
Sí, fui solo. En la embajada facilitaron todo para que pueda ir. Saqué la VISA, que ahora no hace falta. Si mal no recuerdo salí el 15 de agosto del 2024.
¿Llegaste con buen clima?
Pasé por todas las temperaturas. Cuando llegué hacía mucho calor. Después llegó lo que ellos llaman “el mes ideal”, que es un otoño muy bello. Es como el clima de acá cuando hay solcito y un poco de frío. Y por último agarré el invierno bien pesado, con mucho frío. Hasta nevó.
¿En qué ciudades estuviste?
Hice base en Beijing y como el programa incluye viajes cortos a provincias, estuve en Shanghai, Cantón, Xinjiang, Chengdu, Xi’An, y Aba. Nos separaban por grupos según el idioma y yo hice esos viajes con el latinoamericano.
¿Con qué idioma se comunicaban? ¿Suelen hablar inglés?
Las asistentes del programa que nos acompañaron hablan español. Los chinos no hablan inglés en Beijing, sobre todo la gente grande. Los jóvenes se defienden un poco más, como en Argentina. En conferencias sí, pero en el día a día al ir a comprar no. Por eso recomiendo que vayan con un buen traductor instalado en el celular.
Comparando el país con Argentina, ¿cuál fue la mayor diferencia que notaste al volver?
La mayor es la inseguridad. En Beijing no tienen registro de que una persona le pueda robar a otra. Salís a la calle en cualquier momento y no pasa nada. No hay riesgos en el centro. Las afueras de la ciudad no las llegué a conocer. Pero en las grandes ciudades es súper seguro.

Respecto al cine y los avances tecnológicos, ¿crees que puedan reemplazar a los actores con humanoides e Inteligencia Artificial?
Creo que todavía no. Hablé con una productora de cine industrial chino y descubrí que hay una industria enorme, muy comercial. Es la que se ve en los cines, además de uno o dos largometrajes que vienen de afuera, y que cumplen con ciertas normas.
¿Es decir que también incentivan la parte cultural?
Exacto. Producen al nivel de Bollywood de India, con mucho dinero, altísimo nivel, y en lugares increíbles. No llegué a notar reemplazo de humanos por IA. Sí fui a varias conferencias de robótica donde exponían a los humanoides. Pero no se para qué los usan.
¿Cuál es el género cinematográfico más elegido por los chinos?
En los cines comerciales son las históricas, bélicas, que cuentan alguna hazaña nacional. También hay muchas comedias y romances, sobre todo en las series de televisión.
¿Siguen yendo a los cines como pasatiempo?
Sí, hay un montón. Incluso hay bastantes cines de autor, cine-arte. Ahí sí pasan películas de todos los países, como en Argentina. Solía ir a uno en el que justo proyectaron una película japonesa que ya había visto en Buenos Aires, y la volví a ver, esta vez con subtítulos en chino.

¿Qué pudiste notar sobre la influencia cultural latinoamericana?
Ellos de por sí tienen festivales muy importantes como el de Shanghái, Beijing, y Hainan. Con estos eventos tienen intención de llegar a Sudamérica. Están buscando muchos directores latinoamericanos para mostrar en sus festivales.
¿Y la literatura argentina en particular les interesa?
El equipo que nos acompañaba sí sabía del tema. Y en las librerías más comerciales, sobre todo en el centro de Beijing, vas a una librería gigante y encontrás a Borges, Cortázar, un Pizarnik, y hasta Mafalda.
¿Visitaste medios de comunicación?
Sí, estuvimos en CGTN, la televisión estatal de habla extranjera. Tiene programas en todos los idiomas del mundo. El edificio que es como una herradura, le dicen “los pantalones”. Es la hermana de CCTV, la cadena local. Todo lo que hay en la pantalla de la televisión sale de ahí.

¿Qué piensan de sus propias construcciones, con sus diseños tan particulares?
Están muy orgullosos, te llevan a ver los mejores edificios. Se construye a una velocidad alarmante. Me decían: lo que vos ves ahora, capaz que el año que viene hay otro edificio tres veces mas grande, o no está mas y hay otra cosa. Están constantemente en construcción.
¿Qué bebidas nuevas probaste?
Hay un licor chino muy popular que es como el sake, el baijiu. Es bastante rico. Tiene de 40 a 70% de graduación alcohólica. Ellos lo toman como agua. Se vende en todos lados.
¿Se acompaña con algo?
No, los más zarpados lo toman mientras comen.
¿Y qué diferencia viste en sus costumbres al momento de la comida?
En los restaurantes caros te traen el café y el postre con la entrada principal. Una vez para una nota fui a comer con una periodista que me había invitado a conocer las comidas típicas. Yo no había empezado a comer y ella ya estaba pidiendo el café por una aplicación. Lo tuvo en la mesa desde el primer momento y le dije que se le iba a enfriar. “No importa, nosotros lo pedimos así”, me respondió.
¿Ahora les gusta el café, además del té?
Entendieron que el café está de moda. Saben que se consume mucho en Occidente, y como ellos hacen todo por mil, se zarparon y hoy Shanghái es la ciudad que más cafeterías tiene en todo el mundo. En una parte de la ciudad hay tres cafeterías cada dos cuadras. Importan de Guatemala, Honduras. Te das cuenta que quieren estar a tono con el mundo, porque ellos no tienen cultura cafetera ni a palos. No toman café. De hecho se sorprendían cuando nos veían tomar todos los días.
¿El famoso «socialismo con características chinas»?
Exacto. Mantienen sus costumbres pero están abiertos. Shanghái es muy parecido a Nueva York, y en el centro de Beijing encontrás un Apple, Starbuck, y KFC a rolete.
¿Aprendiste palabras chinas?
Aprendí las mas comunes. No me propuse en este viaje estudiar el idioma. Preferí usar ese tiempo para conocer el país. Si en algún momento vuelvo, ahí sí. Pero palabras del día a día las aprendés sí o sí, xie xie (gracias), ni hao, (hola), los números.
¿Cómo preservan sus lugares históricos?
Los museos son increíbles, con traducciones y guías. Algunos lugares tienen traducción solo en inglés, pero en nuestro caso nos traducían las asistentas.
¿Estuviste en la Gran Muralla?
Sí, y me impactó más que los soldados de Terracota. Tenés vistas impresionantes. Si no estás en estado físico es un poco duro. Son muchas escaleras y empinadas. Y si vas en verano el calor te mata, además de la cantidad de gente por el turismo.
¿Por qué los chinos no van al psicólogo?
Los ancianos nunca en su vida barajaron la idea de ir al psicólogo. Se la rebuscan como pueden y muchos de ellos se dispersan de maneras caseras como ir a jugar al ping pong, salir a bailar, hacer Tai Chi. Con los jóvenes que pude hablar entendí que no contemplan esa posibilidad, por mas que algunos sientan que lo necesitan, sobre todo los hombres. Las chicas sí van un poco más, porque allá es más binario, si bien están bastante abiertos.
¿Cuál es tu anécdota más graciosa del viaje?
Una es con las motos que trabajan de recoger borrachos. Estas de fiesta con amigos, uno toma mucho y como no puede manejar, llaman a estas motos. Viene el tipo, pone su moto en el baúl del borracho y le maneja el auto para llevarlo hasta su casa.
¿Alguna otra destacada?
Cuando compré una cámara en Beijing y terminé necesitando repuestos. El tipo que me la vendió me dijo “seguime”. Pidió un auto y fuimos a otro lugar sin decirme una palabra. Ahí compramos lo que necesitaba sin que yo tuviese que hablar inglés o español. Esas cosas de confianza con un desconocido, de saber que no te va a raptar, es bastante loco.
Para terminar, ¿volviste inspirado?
Sí, de hecho allá filmé cosas. Me compré una cámara con ese plan. Espero que se vean esas imágenes en una película de ficción que estoy editando. Es un 30 por ciento china y un 70 por ciento argentina, con actores de ambos países. Ya está completa.
¿Te dejaron filmar sin problemas?
Sí, hasta filmé en la gran muralla. De hecho la cerraron para mi. Un día de rodaje pedimos permiso y nos pusimos a filmar, y en un momento cerraron al público la muralla, en el paso de Hu Yong, para que nosotros pudiéramos grabar tranquilos.
Para leer la nota interactiva sobre el viaje, apretar en:
Cómo entender a China, la experiencia de dos periodistas de Clarín


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