Por Héctor O. Becerra (Especial para Humanidad)
Pieza central del grupo de socorristas de emergencia de la mortífera y destructiva inundación de Bahía Blanca, en marzo pasado, el experto Diego Nuñez aseguró que una de las tareas primordiales de los asistentes en tragedias como esa «es evaluar y contener el estrés agudo en las primeras cruciales 48/72 horas».
«El psicólogo/a de emergencia que trabaje con bomberos – ejemplificó -, debe formarse con los conocimientos mínimos adquiridos por los bomberos».
En un diálogo exclusivo con Humanidad, Nuñez lamentó el estancamiento académico en Argentina y América Latina registrado en los últimos 30 años; habló de la cohesión social y la colaboración para facilitar procesos de duelo en tales circunstancias dramáticas y refirió su experiencia personal en las inundaciones de Bahía Blanca, donde coordinó, entre otras actividades, la prevención y el resguardo que se les brindó a los padres de las fallecidas niñas Hecker, Pilar y Delfina.
Es difícil no recurrir a nuestros héroes infantiles para poder dimensionar la tarea de este psicólogo de la emergencia alejado de los divanes de los psicoanalistas; cerca de las enseñanzas de Sigmund Freud, reflotó la noción de trauma para asistir a la gente en las inundaciones, la prevención de los suicidios, la toma de rehenes y un largo etcétera. Y apostando, claro, al sentido de la vida.
–Freud sostuvo en El malestar en la cultura que el sufrimiento nos amenaza en tres direcciones: desde el cuerpo condenado a envejecer y/o enfermar; desde el mundo exterior capaz de encarnizarse con fuerzas destructoras implacables y de las relaciones con otros seres humanos. Los psicoanalistas en sus consultorios parecen haberse abocado en esta última opción; pero, desde la tragedia de Cromagnón los psicólogos se empiezan a ocupar también de lo que pasa en las catástrofes. ¿Es así?
-En un primer momento, en diferentes intervenciones – desastres, emergencias, negociación en situaciones críticas con rehenes, personas atrincheradas, intervención preventiva en suicidios, cuidados del personal, entrenamiento por hormesis, apoyo humanitario en conflictos bélicos y mucho más -, evaluamos y contenemos el estrés agudo en las primeras cruciales 48 a 72 horas. Los síntomas habituales son ansiedad, shock, flashbacks, miedos y desesperanza. Reacciones que nunca deben patologizarse por sobre todo en los bomberos, rescatistas, policías y otros equipos, dado que resulta esperable su intervención. Están entrenados y son respaldados por tareas preventivas específicas; hay que distinguir entre víctimas y personas afectadas.

-Ardua labor y, supongo, hay más…
….Sí. Preparamos y coordinamos espacios de contención promoviendo la cohesión social y facilitando muchas veces los procesos de duelo. No nos centramos solo en lo individual, sino también en lo comunitario. Se deben facilitar la recuperación y la resiliencia colectiva.
-…en grandes desastres…
-…hay gran amplitud. Interactuamos con equipos multidisciplinarios. Se diseñan estrategias de intervención, coordinación de recursos y se garantizan los derechos de los diferentes tipos de víctimas. Un Norte son los procesos internacionales de formación y entrenamiento, lo mismo que las prevenciones preventivas y postraumáticas. El hecho de ser psicólogo no habilita a intervenir en una emergencia o desastre. “No lo hagan, por favor”. Antes se debe contar con instrucciones académicas específicas, rigurosas, tanto en lo técnico como corporal. El psicólogo/a de emergencia que trabaje con bomberos debe formarse, por ejemplo, con los conocimientos mínimos adquiridos por los bomberos, para así formarlos, entrenarlos e intervenir con ellos en las diferentes emergencias y desastres. Debe poseer los conocimientos mínimos de cualquier bombero, es decir, formarse a la par. Si no se puede ser coherente con este precepto, es mejor colocarse en segunda o tercera línea externa. El ground zero (punto cero), no es para todos.
–¿La persona que ha logrado sobrevivir a una catástrofe terrible, frente a lo inimaginable que resulta ser cómo sigue viva, al no poder elaborar psíquicamente cómo está viva, puede más tarde morir súbitamente?
–El trauma no sólo queda en el plano psicológico; están los efectos somáticos. En situaciones donde la persona no logra procesar adecuadamente la experiencia puede experimentar un deterioro en su salud física. La negación o represión de lo vivido puede contribuir a un estado de vulnerabilidad que, en ciertos casos, podría contribuir a la aparición de complicaciones médicas o, incluso, muerte súbita. Aclaro: esta no es una regla general, sino que depende de múltiples factores biológicos, sociales y psicológicos. Las intervenciones adecuadas juegan un papel crucial en la recuperación ayudando a las personas a integrar su experiencia y reducir el riesgo de consecuencias fatales.
-¿Específicamente, que puede decir sobre estrés?
–No es una enfermedad; pero, al no ser bien tratado puede generar diferentes tipos de enfermedades que lleven a la persona a la muerte. Se necesita comprender que somos seres de diseño corporal paleolítico no preparados para estos altos niveles de tensión, igual que interpretar el funcionamiento del cerebro y el organismo ante este tipo de instancias. Lamentablemente, en Argentina y en muchos otros de América Latina se ha generado un estancamiento académico totalmente improductivo: en 2025 (en quipos de salud de emergencias de fuerzas de seguridad, voluntarias, etc), se continúa con enseñanzas técnicas generadas después de la Segunda Guerra Mundial y en la década del 70. En el mejor de los casos, pasaron 30 años sin revisaciones exhaustivas de los acontecimientos. Los que estamos en esto también tenemos un tiempo físico y cronologico: vamos caducando. Hay que adaptarse o simplemente dar un paso al costado. Lo físico y lo emocional nos van definiendo.

–Trabajó y mucho en la inundación de Bahía Blanca, en marzo de este año. ¿Qué vio y escuchó?
–Fue algo profunda y totalmente movilizador. La presencia del agua, en su magnitud y fuerza, provocó sensaciones de vulnerabilidad, pérdida por sobre todo e incertidumbre en la comunidad afectada. Al recorrer las zonas dañadas observé calles convertidas en ríos, hogares sumergidos, autos y árboles flotando por todos lados y literalmente el interior de todos los hogares destruido y expuesto en la vereda; camas, colchones, placares, cocinas, heladeras…hasta pianos destrozados y acumulados en las esquinas. Escuché relatos de familias enteras que vieron esfumarse sus pertenencias y en algunos casos seres queridos en minutos. A solicitud de las autoridades provinciales, coordiné el sistema de prevención, protección y contención emocional de la mamá y el papá durante toda la búsqueda de sus dos hijas; participé además de la contención al personal de rescate interviniente de todas las diferentes fuerzas, equipos y áreas en mi rol de Psicólogo de Emergencias NAHYPER de la Dirección de Riesgos Especiales de la Superintendencia de Seguridad Siniestral del Ministerio de Seguridad bonaerense; los equipos desarrollaron una labor inmensa y de excelencia desde lo profesional, humano y empático; compañeras y compañeros, afectados obviamente en su sensibilidad, pusieron en evidencia los recursos para afrontar los diferentes momentos. Y la comunidad, en su resiliencia, también expresó sentimientos de unión y solidaridad que emergen en momento críticos. Hubo carencias formativas en los equipos locales. Por eso se elaboró una Diplomatura Universitaria Internacional de Psicología de Emergencia e Intervención con Víctimas en Crisis y Desastres. Participan la Universidad Salesiana de Bahía Blanca y los colegas Vanesa Carpanetto Sueldo y Mariela Romero. La base fue tomada de la Diplomatura de la Asociación Argentina de Salud Mental que dirijo y que desde hace 5 años posee un enfoque inovador.


Es una vergüenza que una persona se accidente y en las guardias no lo atienda un psicólogo de la emergencia !!!