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Shaw, «ejemplo luminoso» para León XIV, por su labor empresarial en Berazategui y Pinamar

En un mensaje al empresariado argentino, el Papa afirmó que Enrique Shaw, en proceso de canonización, entendió que la industria no era sólo un engranaje productivo ni un medio de acumulación de capital, sino una verdadera comunidad de personas llamadas a crecer juntas.

El papa León XIV resaltó la figura de Enrique Shaw (1921-1962) – humanista cristiano, partícipe de la planificación de la ciudad de Pinamar y uno de los pocos laicos nacionales en proceso de canonización -, al sostener, en un mensaje, la necesidad de que los empresarios argentinos paguen salarios justos.

El sumo Pontífice – sucesor de Francisco – indicó que Shaw fue un emprendedor que pensaba que la rentabilidad no se construía a costa de la dignidad de las personas. En tal sentido, reclamó orientar hoy la economía al bien común.

El proceder de Shaw, para la máxima autoridad del Vaticano, demuestra que el liderazgo empresario no requiere de desconexión de la ética ni del compromiso social

Formado en la Escuela Naval, Enrique Shaw ingresó de joven al mundo corporativo y rápidamente se convirtió en un dirigente influyente. Buena parte de su vida profesional transcurrió en territorio bonaearense, sobre todo en la cristalería Rigolleau con asiento en Berazategui. Allí contribuyó con planes de formación continua, mecanismos de promoción interna, cuidado sanitario para los trabajadores y un diálogo constante (insólito para la época) entre conducción y operarios.

Para Shaw- «ejemplo luminoso» para León XIV -, una fábrica no era un engranaje productivo, sino una comunidad humana.

Fundó la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE), publicó textos de referencia sobre ética empresaria y mantuvo una postura pública coherente incluso en años difíciles para él.

Durante las tensiones entre el peronismo y la Iglesia en los cincuenta llegó a ser detenido. Pese a ello, jamás abandonó su convicción de que la empresa debía servir al desarrollo humano integral.

En 1962 murió víctima de un cáncer, pero su legado siguió creciendo. En 2021 fue declarado Venerable, lo que para la Iglesia confirma que vivió las virtudes cristianas de manera heroica. Es esa consistencia (más que sus cargos o su éxito económico) lo que hace que hoy Roma lo considere ejemplo para los dirigentes en proceso de santificación.

En Pinamar, como arquitecto, fue una pieza fundamental del trazo del balneario fundado por su suego, Jorge Bunge. Tras el fallecimiento de éste, asumió como síndico y luego fue escalando hasta llegar a vicepresidente del directorio en ejercio de la presidencia.

Impulsó la continuidad del proyecto de “ciudad jardín”, defendiendo la forestación de médanos, la planificación a largo plazo y un crecimiento urbano armónico.

Su mirada, siempre ligada al cuidado de la comunidad, buscaba preservar el espíritu original de Pinamar como un entorno habitable y sostenible, no sólo turísticamente rentable.

Su presencia en la ciudad hoy se recuerda en su plazoleta y una calle con su nombre, integradas al tejido urbano como reconocimiento a su aporte. La familia Shaw, heredera de la visión urbanística de los Bunge, continuó participando activamente en la consolidación cultural y social del municipio costero.

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