Todos quieren – se supone que «figurativamente» – , matar al otro. La historia viene de lejos. Para no desempolvar telarañas, se mencionará tan solo el cajón con las siglas de la UCR que pretendió quemar Herminio Iglesias en el 83. Ahora, están con esto de ponerle el último clavo al ataúd de…
Peor que ser enterrado, es ser objeto de burla en vida ante la desorientación que provoca el vacio que se le va produciendo en su partido, el PRO, porque su «aliado estratégico» le viene serruchando el piso a la vista de todos.
El cocinero de Humanidad amasó el «fenómeno Milei» que diluye la figura del ex («Señor Presidente», lo recibe burlándose en la cara) Mauricio Macri, quien enfrentó desafíos en la vida: la relación con su padre Franco, la inserción en el mundo de Boca como trampolín a la política, el dominio en mi Buenos Aires querido y en completar su mandato constitucional con el peronismo enfrente (aunque no logró la reelección, ni con la inyección del renegado Pichetto)
Una conclusión: no es lo mismo enfrentar los retos a los 66 años que a los 36. Cuesta reponerse, más ahora, de las piedras y la ayuda del FMI (la misma que hoy se le prodiga con más cobertura a Milei) con el mayor préstamo de la historia.
Veamos las posibilidades con el diario del lunes. Macri podía: 1) apoyar a Milei tomando distancia y haciendo críticas puntuales: 2) apoyarlo sin críticas; y 3) no apoyarlo, sino ir negociando caso por caso en el Congreso.
Con matices, se quedó con la 1. Pero los hermanos Milei tienen una personalidad simbiótica compleja y Donald Trump, podrá seguir distinguiéndolo, pero antes que nada defiende sus intereses. Como lo deja en claro cada vez que habla. El anarco capitalista fue vaciando el PRO por considerar a Mauricio (a quien empachó con tantas milanesas), como «un activo tóxico».
Llegó el 26 de octubre y con la cañonera de Scott Bessent, los Milei descolocaron a todos con el 41% de los votos. Macri, obvio, no fue la excepción. El nombramiento de Diego Santilli (el hombre del sí fácil, según Roberto García), lo atragantó, pero no le quedó otra que aplaudir la medida para la tribuna de su enemigo Juan Ramón Riquelme.
Sus mentores (claro, ahora) tienen reproches para él. Mal presidente, dedicado a los negocios, fracasado mentor ideológico de los libertarios, mezquino. Como buen tano calabrés, Mauricio rumia venganza y en la intimidad desliza tranquilo que no está muerto quien pelea. Para ello, como Cristina Kirchner y los confabulados invisibles, debe esperar el tropezón de Milei.
Los peronistas que odiaban a Macri y año atras años presagiaban su caída, ahora no agradecen el trabajo hecho por Milei, ayudado – vaya paradoja – por miembros del movimiento que ya cumplió 80 años. ¡Menem lo hizo!


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