Por Lidia Beatriz Frank y Héctor O. Becerra
María Claro es una militante social incansable, ex presa política con un compañero que permanece desaparecido. Le toca a ella coordinar Bordando Luchas, el colectivo que reúne a miles de amigos, familiares y grupos que se han ocupado de decir PRESENTE el próximo 24 de marzo a través de una manera original: volviendo al cosido de nuestras abuelas. A ella le toca dirigir; pero afirma humildemente que podría ser cualquiera de sus compañeras las que llevara adelante esa misión. En contra de las ideas individualistas que los libertarios inculcan, ella no se cansa de sostener la importancia de la tarea colectiva.
-Qué interesante esto de bordar el nombre y la fecha de desaparición de la persona en un momento donde se vuelve a poner en duda el número, cuestión que no tiene que ver con una cifra; sino, con la identidad de esas personas.
-La idea de bordar los nombres de los desaparecidos en estos tiempos y unirlos en esta historia contemporánea, en estos tiempos, tiene una razón:¡no me olviden, no me olviden por favor!. Tratamos de visibilizarlos porque la memoria es la mayor rebeldía contra el olvido y nosotros no queremos olvidar. Es una forma de resistir al negacionismo. Los traemos para que sepan porqué luchamos. Algunos fueron compañeros míos, otros fueron compañeros de otros y es muy importante traerlos para que sepan porqué luchamos en la época del 70 y porqué hubo grandes movilizaciones sociales, porqué surgieron grandes organizaciones, no sólo en los ´70; sino, que ya venían de antes…
-…La idea…
-…La idea de estos rostros y nombres tienen que ver con consignas que teníamos en esa época que eran contra el imperialismo y la gran mayoría por el socialismo; también había grupos peronistas, que querían cambios estructurales. Se habla de todo lo que hicieron esos compañeros y a raíz de eso traemos a cada uno. Evocamos el derrotero de cada compañero y de cada desaparecido; y por ahí pueden darse cuenta que fueron períodos de gran movilización de insurgencias obreras populares, sindicales, estudiantiles; luchábamos por un país sin explotadores ni explotados Tratamos de no olvidar. No solo de no olvidar a los desaparecidos sino de no olvidar las ideas revolucionarlas que hay que debatirlas un poco más: hacia dónde vamos, que es lo que queremos, qué es lo que quiere este país, qué es lo que queremos entre todos. Somos un grupo que venimos bordando luchas de ayer y hoy hace varios años, desde la pandemia, en varias provincias (anoche llegaron 146 paños de Jujuy, para que «no falte ni unito en este enhebrado de agujas y emociones») . Acá, en Buenos Aires, tomamos la idea de hacer un rollo con los nombres de los desaparecidos…

-Estuviste detenida en la cárcel Buen Pastor en Córdoba y luego se hizo un libro únicamente con bordados. ¿Eso influyó para que ahora estés coordinando esta tarea?
-Estuve detenida en el Buen Pastor de Córdoba en el 75 en la época que ya se había intervenido el gobierno de Córdoba. Dentro de todas las cosas que llevamos a cabo hicimos los bordados relacionados con las luchas y la memoria porque las luchas también se bordan, la memoria también se borda, la historia también se borda. Tomamos la fuga del Buen Pastor, que fue caprichoso, producto del azar, en realidad. Yo estaba ahí y nos fugamos porque estaba ahí, pero si hubieran estado otros también se hubieran fugado porque en realidad la fuga es un hecho político y también la búsqueda de libertad es como si fuera la máxima expresión de las personas y es un deseo ancestral; o sea, cuando un preso está preso se quiere escapar, de alguna manera quiere escaparse Todo esto influyó para iniciar esta tarea que no la estoy coordinando sola, lo que pasa es que está mi teléfono, que yo hablo un poco con los demás; pero, acá hay un montón de gente que está trabajando, hay un colectivo que está trabajando – y cada una está haciendo distintas tareas- y es que el que le está poniendo pilas.
-¿Cómo se llegó a conseguir la participación de tantas mujeres (y algunos hombres)? Es, nos parece, no sólo una actividad federal sino internacional
–No lo podemos, todavía, dilucidar. Hicimos un grupo de WhatsApp cuando teníamos cocinada la idea ya para largarla hace un año. Antes, veníamos hablando con varios grupos, entre ellos la revista Crisis. Pero estábamos haciendo unas 100 agendas bordadas para Palestina; cuando terminamos y en vísperas de los 50 años del aniversario del golpe nos dedicamos a esto: fue de boca en boca, contacto por contacto: así se viralizó la iniciativa. Tuvo un efecto dominó. Nos comunicábamos y cada vez teníamos más piezas. La cantidad de gente es enorme. Nos convoca algo trascendente: esclarecer, mostrar, visibilizar, contar.
-Se entiende lo de federal. ¿Por qué internacional?
-Porqué a nuestros espacios de memoria con ahínco se acoplaron otras ejecutoras de España, Italia, Suecia, Uruguay, Chile, Ecuador (de aquí Anahí trajo unos 50 nombres estampados)...no tenemos conciencia del alcance. ¿Por qué? Tenemos 4500 bordados y los unimos en retazos de la mañana a la noche. Nos parece no haber estado nunca tan cerca de los desaparecidos. Más de una lágrima se nos cae. Unas reproducen a sus compañeros, otras a quienes no conocieron y los hijos a los padres…Hace unos días vino un hombre cincuentón y me trajo lo hecho en su casa ¿Quienes son?, quise saber.´Mi mamá y mi papá», contestó. Arte puro y hermoso.

-¿Qué papel ha desempeñado el Museo Etnográfico?
-Fundamental. Una compañera que trabaja acá, nos ha permitido hacer exposiciones y muestras porque este es un museo de la UBA. Gracias a ella recibimos paños en cantidades a través del correo. El personal del Museo es solidario. Nos prestó dos salas. El sábado teníamos como 100 personas bordando y colaborando con la tarea. Conversamos y planeamos cómo hacemos ahora para poder concretar cómo unir los paños y llevarlos a la marcha.
-¿Las bordadoras han realizado comentarios, pusieron en palabras lo hecho o los trabajos hablan por sí solos?
–La gente que borda no se calla: a veces te cuentan sobre las personas que están rememorando; Dicen y dicen; a veces el relato es muy largo, hay una necesidad de expresarse. Otras, con un video, refieren quién es la persona, a qué se dedicaba. Eso, sí, habla por sí mismo. El bordado expresa un grito: ¡seguimos acá, presentes!


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