María Antonia Sánchez-Vallejo (El País)
Uno de los últimos retratos de la pintora mexicana Frida Kalho batió el récord de un artista latinoamericano en subasta. El autorretrato Diego y yo, de 1949, fue la estrella de la puja que la casa Sotheby’s ha celebrado este martes en Nueva York.
Con un precio de salida de 30 millones de dólares, la pintura, que muestra a la autora de frente, con la figura de Diego Rivera inserta en su frente como una presencia inquietante, fue rematada por 34,9 millones de dólares, un precio que desplaza a su marido del podio como autor latinoamericano más cotizado (10 millones de dólares en 2018 por su cuadro Los rivales) y que supone también un récord para la obra de una mujer, aunque sin superar la cifra de un cuadro de Georgia O’Keefe que alcanzó 44 millones de dólares en 2014.
Antes de la velada de este martes, bajo el título Evening Sale, el autorretrato de Kahlo ya había superado otro récord en una puja previa, el pasado septiembre, con un precio de 26 millones de dólares. Diego y yo había sido subastada por última vez en 1990, también en la casa Sotheby’s, por 1,4 millones de dólares. El precio más alto pagado por una obra de Kahlo hasta la subasta de este martes habían sido ocho millones de dólares por un lienzo de 1939, Dos desnudos en el bosque, vendido hace cinco años. De ahí que la centenaria casa Sotheby’s saludara el resultado de la puja, y la revalorización de Kahlo, “que eclipsa el récord de una obra de arte latinoamericana, anteriormente en poder de su esposo Diego Rivera, y bate su propio récord más de cuatro veces”.
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Un autorretrato de Frida Kahlo con su esposo Diego Rivera, pintado en 1949, se subastará esta semana en Nueva York. La obra de uno de los íconos del feminismo se apresta a romper un nuevo récord de venta.
El cuadro, de pequeñas dimensiones, simboliza la tortuosa relación que los dos artistas mantuvieron y, sobre todo, la continua presencia del muralista en la vida y la estética de Kahlo, con la figura de Rivera, que a su vez exhibe un tercer ojo en la frente, supervisando la visión – y la vida -, de su esposa. Pintada un lustro antes de la muerte de Kahlo y considerada el último de sus numerosos autorretratos, la obra fue creada durante uno de los periodos más convulsos de la autora, debido al dolor físico que sufría a raíz de múltiples operaciones.
“Pintado el mismo año que su amado Diego se embarcó en un romance con su amiga María Félix, este poderoso retrato es la articulación pintada de su angustia y dolor. El resultado [de la subasta] se podría definir como la máxima venganza, pero de hecho es la máxima validación del extraordinario talento y el atractivo global de Kahlo. Diego y yo es mucho más que un retrato bellamente pintado. Es un resumen pintado de toda la pasión y el dolor de Kahlo, un tour de force del crudo poder emotivo de la artista en la cima de su capacidad creadora”, valoró Anna di Stasi, responsable de Arte Latinoamericano.


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Buena noticia y excelente referencia al contexto del cuadro, lo comparto. Abrazo grande.