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Buen día

Decir buen día puede sonar como frase de afecto hacia al otro. Una buena onda que se quiere transmitir para el resto del día. También puede ser algo rutinario, que decimos habitualmente porque es algo ya instalado, ya apreciado y degustado por nosotros en un comienzo, para luego decirlo como una frase hecha y mecánica.

Lo importante va más allá del “buen día”. Lo importante viene después. Lo que hay en ese día, en esa conversación, en esa iniciación a la sociabilización, sea con quien sea.

Levantarse temprano y encontrarse con alguien caminando por el pasillo no es el único requisito para poder decir buen día. Algunos toman al día en su totalidad, sin tener en cuenta que si el día no es de noche, entonces la noche no es parte de nuestro día y ya pasa a ser otra cosa, quizá a nuestro querido amigo, “buenas noches”, pero eso ya da para otra reflexión.

¿Pero qué es el día 29 de octubre de 2017? ¿Un día y una noche? ¿O un día, que lleva consigo una noche?

En fin, el “buen día” es un ritual. Un comienzo, una bienvenida al mundo. Mundo que conocemos, mundo que puede no sorprendernos, mundo que puede seguir igual que el “buen día de ayer”, pero que sigue, inclusive, al tener malos días.

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“La caverna del solitario” – Por Joaquín Paganetti

Escritor y estudiante. Fundó Humanidad el 2016 a sus 15 años de edad.