Por Juan Yaría
Drogas: ¿problema criminal?; ¿problema de libertad personal? ¿un daño a la salud pública? Solo hablamos del narcotráfico o de la libertad para consumir. Los daños a la salud pública y en los consumidores ni se mencionan. Lo policial impera. Y, sugestivamente, aumentan los delitos y también las libertades convertidas en esclavitudes.
Mientras, la Argentina ocupa los primeros lugares en América Latina en el consumo global de sustancias desde el alcohol, las drogas en general y los psicofármacos.
Estamos con relación a la marihuana en el lote de los tres primeros consumidores de marihuana en América Latina (informe de la UCA); 4 de cada 10 personas que buscaron ayuda no la consiguieron.
En Argentina es alta la prevalencia de la cocaína (lo cual es evidente en la consulta clínica), según consignó la Revista de Ciencias Sociales del Instituto de
Investigaciones socioeconómicas, ligada al Conicet.
En paralelo, el crac – que resulta disolviendo cocaína con mezcla de amoníaco o bicarbonato al hervirse se forma como sustancia sólida y se vende como piedra -, es la estrella en varios sectores sociales.
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Doctor en psicología, exfuncionario, Juan Yaría convive todos los días con cientos de miles de casos de drogadicción. Aquí su sapiencia para describir el negocio en desarrollo del «sugar dady» y del «sugar baby».
Letal para todos los sistemas orgánicos y de gran presencia en los barrios. Los pacientes relatan un “fogonazo” cerebral que los cautiva y los lleva a repetir la dosis que no dura más que media hora pero que al mismo tiempo puede ser un certificado de defunción.
Es singular el aumento comparativo de consumo de drogas entre 1999 y 2017. En la prueba de una vez en la vida superó al 100%. En los últimos 20 años subieron los índices de consumo en ambos sexos; en hombres se duplicó y en mujeres se triplicó.
Y, como si nada, seguimos hablando solo del narcotráfico o de la libertad de consumir mientras las patologías mentales aumentan cada vez más. Los dilemas se enfrentan, pero no se habla del daño a los más vulnerables. ¿Ignoramos la detección precoz? Los pacientes llegan luego de 20 años de consumo con deterioros múltiples de tipo orgánico, mentales y de perdida de años de aprendizaje.
Al mismo tiempo vemos jóvenes que comienzan a consumir a los 11 o 12 años en pequeños pueblos del interior y ya no solo en centros poblados. En pequeños pueblos (especialmente ganaderos y agrícolas) la venta de drogas a menores (habitualmente con carencias afectivas) se ha convertido en un trabajo adicional.
No alertamos lo suficiente con los daños que provoca o promovemos el consumo cuidado en menores que tienen vulnerabilidades mentales y cerebrales frutos de la hipo-evoluciòn de sus estructuras bases de un desarrollo sano.
Las familias ni se mencionan: tanto para la prevención ni las debacles de estas que viven hipertraumatizadas por consumos entre ellos o perversiones cada vez màs evidentes. La familia anuncia la debacle cultural que vivimos. El eximio escritor y filósofo Gilbert Chesterton decía “El primer Estado es la Familia”.
Anunciaba un orden en la transmisión intergeneracional que incluye donación de
sentidos, valores y proyectos. Todo esto parece caer ¿Dónde esta el Padre? … ¿la madre vive hiper-melancolizada? Gran sufrimiento en todos.
Las escuelas asisten – por la información con que se cuenta –, cómo espectadoras paralizadas a los consumos en los baños (relatos de los propios pacientes) que para resguardarse no van a esos lugares. Ya la palabra y el encuentro no bastan, solo la violencia o el alcohol como mínimo son sedativos autodestructivos de un malestar en el existir. Cuando el orden cae, aparecen las ordenes; es el mundo del
mandato, la violencia como imperio, el fracaso del amor.
Todo quedo naturalizado; no se habla de cómo resolver o mitigar problemas. Remito a los griegos: “los problemas se solucionan hablando o no se solucionan”; queda a un lado y se acude entonces a un soporífero pasajero y que genera hábitos destructivos, incluso la propia consulta a un profesional experto de salud mental en capacidad de encontrar una salida a los sufrimientos no aparece en la agenda social; entonces buscamos la salida rápida , momentánea, autodestructiva, que es el consumo con un gran aparato social de propaganda y de distribución . Somos de esta manera objetos de mercado no sujetos de palabra.
Aumenta el numero de familias participantes del narcomenudeo como motores de trabajo y la temprana inclusión del joven en la cadena narco-criminal con mayores presencias femeninas. ¿Qué pasa en la vida del joven y del adulto?. El siguiente gráfico lo muestra:
- Los cambios en el sueño con la alteración de los ritmos biológicos. Dormir de día y vagar de noche);
- Sendentarismo, con reducción musculo esquelético y oxigenación cerebral;
- Efectos empobrecidos:
- descenso del aprendizaje;
- alimentación «chatarra» con debilitamiento de todos los sistemas orgánicos y psicológicos;
- envejecimiento precoz;
- agotamiento cerebral.


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