Por Carlos Fara (Newsweek Argentina)
Existe un error habitual en los análisis socio-electorales, que es suponer que los votantes son un calco de su opción de voto, es decir, que demanda y oferta se identifican claramente.
Esto no siempre es así por dos razones: 1) a los electores los mueven cuestiones simbólicas que están más allá de lo propositivo y explícito; y 2) una opción no es necesariamente un enamoramiento, sino que también puede ser simplemente un descarte frente alternativas peores.
Al acceder a un tipo de investigación que permite bucear mejor en la profundidad de los disparadores, es muy claro que las privatizaciones tampoco hacen carne en el segmento de La Libertad Avanza. La mayoría visualiza a aquellas como un legado negativo del gobierno de Carlos Menem, dado que significó una pérdida del patrimonio nacional.
Por el contrario, prefieren una fuerte industria nacional que genere puestos de trabajo en blanco y bien remunerados. Eso suena más a un voto “trumpista”, que uno libertario. Una especie de “Make Argentina Great Again”. E esos votantes están “a la izquierda” del candidato.
Pero esto que pasa con Milei, en alguna medida también ocurre en el electorado de Juntos por el Cambio. Por eso no le ayuda a Mauricio Macri proponer que Aerolíneas Argentinas pase a manos privadas para sintonizar correctamente con el público opositor.
Todo esto lleva a preguntarse entonces si realmente existe un corrimiento a la derecha del electorado, o simplemente un viraje a un centro moderado, tomando distancia de los excesos de intervencionismo (y fracaso al combatir la inflación) por parte del actual gobierno nacional.
A esta altura alguien podría preguntarse con lógica acerca del crecimiento de Milei y la competitividad de Patricia Bullrich, dado que el sentido común los ubica a los dos en el mismo cuadrante ideológico y de estilo de liderazgo. Pues resulta que los votantes de la precandidata a presidenta del PRO desacuerdan ampliamente respecto a esas dos propuestas claves que sostiene el libertario. No sólo eso, sino que tampoco coinciden mucho en cuanto a los perfiles sociodemográficos.
Los equipos de campaña más el mundo de la política y los medios deberían mirar con más detalle qué es lo que pasa por debajo de la superficie y evitar simplificaciones que lleven a errores de apreciación y estratégicos. Dicho en términos futbolísticos, siempre hay que mirar dónde está la pelota y no solo dónde estás parados los jugadores. En este caso la pelota es la mayoría del electorado.


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