El presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Kirchner, han quedado de hecho relegados en la campaña electoral de su ministro de Economía y candidato Sergio Massa, quien enfrentará en la contienda del l9 de noviembre a Javier Milei, de la ultraderecha La Libertad Avanza. Con la previa importante, que amenaza con tumbar por lo general fallidas y maleables encuestas, del debate del próximo domingo en la Facultad de Derecho de la Univesidad de Buenos Aires.
A diferencia de Mauricio Macri, quien remedando – sin el mismo entusiasmo -, el «Sí, se puede» de 2015 (a propósito, ¿dónde se escondió el diputado Miguel Pichetto?), Alberto y Cristina, por caminos bifurcados, decidieron apartarse de una confrontación que tiene el propósito aparente de restablecer la nunca concretada Ancha Avenida del Medio. Algo que reivindicó Graciela Camaño, de nuevo en las cercanías de Massa, a pesar de su encono con el kirchnerismo.
¿El futuro de los miembros del actual Poder Ejecutivo de la Nación? ¿Chi lo sa? Cada uno tiene la libertad (con o sin ¡carajo»!) para dar su respuesto. Humanidad, conjetura que Alberto está contando los días para desembarazarse de una función en la que está pintado. Final para su carrera política.
Cristina tiene un núcleo duro de adherentes y un discurso que la coloca en el centro de una disputa, con el antecedente del peronismo-antiperonismo. Su capacidad intelectual está intacta e indudablemente deja hacer a Massa.
El tigrense (enfrentado al León) trata de acaparar a justicialistas tradicionales – el caso del salteño Juan Manuel Urtubey, es una muestra -, acompañado del fortalecido gobernador de la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof. Máximo – hijo de dos presidentes -, deberá seguir haciendo el «cursus honorum» y recomponer (o no) La Cámpora, luego del distanciamiento con Andrés «Cuervo» Larroque. Otros tiempos, otros jóvenes.
Un nuevo ciclo se avecina. Tormentoso, como la lluvia de hoy que obligó a suspender el recital de la cantante Taylor Swift, en la cancha de River. Ya lo dijo el expresidente de Uruguay, José «Pepe» Mujica: «los argentinos deben encontrarse a sí mismos».
Uno podría concluir que, en lo inmediato, se está frente a una misión imposible. Pero, aún con falta de dólares, hay colchón para seguir saltando sin romperse la cabeza.
Original y acriollafa la teoría del sociólogo Juan Carlos Torre, expuesta en el canal de Macri: Carlos Menem, esbozó la primera tesis peronista, con base liberal (que sobresalió por el abrazo con «los otros»: el almirante Isaac Rojas y el encumbramiento de Alvaro Alsogaray); la antítesis, exitosa, fue la de Néstor Kirchner, con una radicalidad, en 2003, hecha al amparo de una izquierda democrática que llevó a bajar el cuadro de Jorge Videla del Colegio Militar de la Nación. La síntesis, según su elaboración, vendría de la mano de Massa, siempre y cuando el «dañino» hombre de la motosierra (según más de un centenar de economistas internacionales), no sea finalmente el ungido, por el voto popular, para recibir las llaves de la Casa Rosada, el 10 de diciembre,. Fecha tan cercana y tan lejana, al mismo tiempo.


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