Cocina política

Emasculada

Completado el proceso de ablación, los primeros días de la semana próxima, la Cámara de Diputados (con el impulso de la escuálida armada de LLA, más el PRO, la UCR y HCF), aprobaría los instrumentos que podría manejar Milei en su primer año de Gobierno.

No le importa de la boca para afuera. Pero dio vía libre al ala negociadora, encabezada por el ministro Guillermo Francos, para que despliegue el acordeón y, a ritmo lento, conseguir que la emasculada Ley Ómnibus – reducida a dos o tres combis que le ponen límites a las pretendidas facultades extraordinarias -, sea aprobada la semana próxima, en particular y en general, por la Cámara de Diputados (la tensión escaló, tras la multitudinaria marcha estudiantil del martes contra los recortes presupuestarios universitarios).

¡Ya todos resolvieron el acertijo! Se trata del presidente Javier Milei, considerado como una persona «espasmódica e inconsistente» por el diputado Nicolás Massot, del PRO ligado a los peronistas federales, dispuestos a dar apoyo porque «el loco no tan loco parece haber entrado en razones». ¿Será así?

Los libertarios suelen no hablar en off, pero cerca del jefe de gabinete (Nicolás Posse) -dijeron al cocinero de Humanidad -, que todo se está acomodando cansinamente desde el primero de marzo. El llanto y los ruegos contra el muro de los lamentos parecen no haber dado frutos. Por más que Milei los haga visibles y se vanaglorie antes de tiempo.

Se dialogó y se sigue dialogando. Mucho. Habría paquete fiscal, por un lado; un trámite express para el colectivo y una reforma laboral que contemplará los principales reclamos de los dirigentes de la CGT, que blanden como amenaza un paro general para el 9 de mayo.

Ánimos caldeados

No es magia. La frase (¡irónica!) que le copió Milei a Cristina Kirchner, ubicada en su antípoda. Miguel Pichetto, el amigo de Guillermo Moreno, está en todos los lados de los mostradores. Peronismo al palo. Esto es, ingredientes para los gustos de las fondas orilleras y de los restaurantes top, como los que administra el «Chino» Navarro (exPI, exMovimiento Evita) en Puerto Madero.

Puesto el foco en las nuevas reglas de contratación (alguien extrajo del arcón de los recuerdos la frustrada Ley Mucci del extinto Raúl Alfonsín), las miradas se deslizaron hacia la UCR. En principio, su bloque votará a favor, aunque debe domar (como Kevin Costner) los corcoveos salvajes de 6 o 7 miembros. La tónica es de acompañamiento: a los radicales les cuesta muchísimo saber cómo pararse frente al gobierno de Milei.

Para que progrese la reforma que incluye a los trabajadores formales afiliados a poderosos sindicatos, se le bajará, precisamente, el precio a las iniciativas del radicalismo. Parece que hay un distanciamiento entre Milei y el líder del PRO, Mauricio Macri. Aún así, serán los legisladores encuadrados en el partido del hoy silencioso expresidente, quienes tomarán la batuta. No habría que olvidar el papel de Hugo Moyano en el primer tramo del gobierno de Cambiemos, a partir de 2015, cuando estaba distanciado del kirchnerismo. Hoy en en el peronismo se cocina Revuelto Gramajo (inventado por un colabordor de Julio Argentino Roca). Y Cristian Ritondo, un exmovimientista, no apaga su grueso ventarrón. Grita y grita quien supo soñar con el cargo de Martín Menem.

Habrá que desentrañar, en esta ruta, lo que queda del proyectado Pacto de Mayo, para el 25 del mes próximo en Córdoba. Milei está muy flexible (aunque simule lo contrario y picotee la cabeza de Martín Menem, vía Karina): solo insistirá en privatizar Aerolíneas Argentinas, Energía Argentina y Radio y Televisión Sociedad del Estado. Luego apelará a las mixturas. Si lo apuran un poco más, dejaría a un costado – en la órbita estatal, por supuesto -, al Banco Nación.

¡Otra que fumata para consagrar Papa!

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