Internacional Política

«Ni Estados Unidos ni Israel le piden tanto al Gobierno de Milei», señaló Tokatlian

En una extensa entrevista concedida a Infobae, el intelectual Juan Tokatlian, advirtió sobre los costos de la política internacional que está adoptando el presidente Milei. Una visión crítica desde América del Sur.

El sociólogo Juan Tokatlian, afirmó que la decisión del presidente Javier Milei de no ingresar al BRICS «es elementalmente ideológica y dogmática» y «no parece coherente con una Argentina que quiere abrirse al mundo y quiere oportunidades comerciales, financieras y de inversión».

En una larga entrevista concedida a Andrea Bonzo, de Infobae, el experto internacionalista, dijo que las expectativas de Milei con un «estilo hiperpresidencialista…están centradas en particular en dos países: Estados Unidos e Israel».

Apuntó, además, que «hay otros 191 países que no parecen estar en su radar de interés». Y consignó, también, los riesgos que representa para la Argentina, adoptar una política «explícitamente antagónica: antichina, antipalestina, antirrusa y antiiraní».

El diálogo, a propósito de su nuevo libro «Consejos no solicitados sobre política internacional: conversaciones con Hinde Pomeraniec», puede leerse en el link: https://www.infobae.com/america/mundo/2024/07/21/juan-gabriel-tokatlian-estamos-viviendo-una-regresion-en-la-democracia-una-fatiga-con-la-paz-y-un-crecimiento-de-presupuestos-militares/

Humanidad rescata el extracto concentrado en la Argentina,

¿Cómo valora las decisiones del presidente Milei de no acudir a la cumbre del Mercosur y de retirarse de los BRICS?

La decisión de no ingresar al BRICS es elementalmente ideológica y dogmática. Es una oportunidad perdida para Argentina de estar en una mesa donde parte de su agenda podría ser abordada, aunque haya diferencias con algunos miembros. Hay un dicho anglosajón muy revelador que dice: “O estás sentado en la mesa o formas parte del menú”. Esta decisión de no estar en la mesa no parece coherente con una Argentina que quiere abrirse al mundo y quiere oportunidades comerciales, financieras y de inversión. En cuanto al Mercosur, forma parte de un patrón más amplio. Milei ha mostrado poco interés en los foros multilaterales, saltándose la reunión de la CELAC y asistiendo a regañadientes al G7. Parece preferir los entornos en los que puede pronunciar discursos y obtener reconocimiento personal, como sus viajes a Estados Unidos o las conferencias con grupos afines. Al descreer del rol del Estado, vuelve, si se quiere, a una etapa pretérita, muy antigua, donde existía la voluntad del príncipe, pero no el interés nacional. Ciertamente hay una sensación de que su visibilidad internacional personal y su agenda personal resultan más importantes que los intereses nacionales.

—Critica mucho el dogmatismo en la política internacional e insta a ser pragmáticos.

—Lo dogmático quiere decir que no hay un análisis costo-beneficio inclusive que permita ponderar y decir cuál es la conveniencia o inconveniencia de tal decisión. Voy a dar pequeños ejemplos mínimos. El año de mayores exportaciones de Argentina fue 2022 con un récord de más de 85 mil millones de dólares. 8 de cada 10 USD provenientes de esas exportaciones vinieron del mundo no occidental. Medio Oriente, Asia. No solamente China. El comercio en ese año con la India, por ejemplo, fue un intercambio de 6 mil 400 millones de dólares. Mientras con España fue de 3 mil millones de dólares. El mundo no occidental hoy es mucho más gravitante que hace 40 años o 50 años. Entonces tendría mucho más sentido que sus interacciones fueran en esa dirección, que impulsara un perfil más activo de la Argentina, de sus exportadores, de su cultura, de su innovación, de la adquisición de tecnología mirando al mundo no occidental. Sin embargo, las preferencias personales de Milei, y las acciones acompañadas de sus preferencias, están centradas prácticamente solo en Occidente y en particular en dos países: Estados Unidos e Israel. Hay otros 191 países que no parecen estar en su radar de interés.

—Destaca que América Latina posee oportunidades significativas en los ámbitos de la paz, los recursos minerales y la biodiversidad. Considerando este potencial, ¿existe la posibilidad de que Argentina no logre capitalizar estas ventajas? ¿Qué factores podrían llevar a un desaprovechamiento de estas oportunidades por parte del país?

—Sí, existe un riesgo real. Argentina tiene una fuerte tradición de compromiso con la paz, ejemplificada por sus dos premios Nobel de la Paz, Carlos Saavedra Lamas(el primero latinoamericano)y Adolfo Pérez Esquivel. Sin embargo, las recientes votaciones sobre el cese de hostilidades en Gaza muestran que Argentina se está distanciando de esta tradición y de otros grandes países latinoamericanos. En cuanto a la energía y los minerales, aunque se han realizado importantes inversiones en litio y Vaca Muerta sin necesidad de incentivos especiales como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI), existe el riesgo de gestionar mal estas oportunidades. Es crucial equilibrar el desarrollo económico con las preocupaciones medioambientales y los intereses de las comunidades locales. En cuanto a la biodiversidad, Argentina fue una vez líder en cuestiones medioambientales, pero la postura antiambientalista de Milei está cediendo este espacio a líderes como Boric, Petro y Lula. Ellos son ahora las principales voces que negocian con el norte global en temas como la transición energética, mientras que Argentina está perdiendo su voz antes influyente en estas discusiones. Hay unos espacios que se están cediendo y que no son fácilmente recuperables. Y que pueden colocar a la Argentina en un lugar cada vez más incómodo en el mediano y largo plazo.

—En el libro habla además de la “regla de oro” en las relaciones internacionales de no importar conflictos. ¿Existe el riesgo de que Argentina se involucre en conflictos exteriores bajo el alineamiento de Milei con EEUU e Israel y movimientos como el ingreso en el Grupo de Contacto de Defensa de Ucrania?

La posibilidad de importar y pagar el costo de conflictos exteriores ha crecido desproporcionadamente. No estoy diciendo que vaya a ocurrir algo dramático. Pero Milei ha definido una parte importante de su política exterior en términos explícitamente antagónicos: antichina, antipalestina, antirrusa y antiiraní. Este enfoque es totalmente inadecuado y potencialmente muy costoso para un país económicamente vulnerable y socialmente polarizado. Es un riesgo muy alto. Es un riesgo innecesario. Por ejemplo, unirse al grupo de apoyo a Ucrania liderado por Estados Unidos en este momento probablemente será percibido negativamente en Moscú. Del mismo modo, la firme postura proisraelí, incluidos los planes de trasladar la embajada a Jerusalén, corre el riesgo de alienar a los países árabes que tradicionalmente han apoyado a Argentina en cuestiones como el conflicto de las Malvinas. Las diplomacias suelen tener un disco duro, suelen tener una memoria. Por otro lado, estoy persuadido, aunque no puedo probarlo empíricamente, de que ni Washington ni Tel Aviv le piden tanto al Gobierno. Es casi un exceso. Es algo desproporcionado. En esta mirada del presidente influye además algo que ya había surgido en Argentina durante la última dictadura militar y que ahora reaparece, aunque con una novedad: el peso gravitante de la religión, en este caso invocando una pertenencia a una versión extrema y ultra conservadora del judaísmo.

—También menciona cómo instituciones en Brasil y EEUU han contenido decisiones polémicas en el ámbito internacional durante las presidencias de Bolsonaro y Trump. ¿Existen mecanismos similares en Argentina? Y si es así, ¿están funcionando con el gobierno actual?

—Efectivamente, en Brasil y EE.UU. hemos visto cómo la Cancillería y el Departamento de Defensa, respectivamente, han logrado moderar o limitar ciertas acciones presidenciales (el traslado de la embajada a Jerusalén en el caso brasileño y una intervención en Venezuela en el estadounidense). En Argentina, sin embargo, percibimos un debilitamiento de estos resortes institucionales. Algunos funcionarios no contienen al presidente porque están de acuerdo con él, otros por temor a perder su posición, y otros porque sus argumentos no encuentran eco. La oposición, en lo que respecta a los temas internacionales, también muestra un nivel de silencio y resignada aceptación muy sorprendente. El resultado es una falta de limitación institucional frente a un estilo hiperpresidencialista.

0 comments on “«Ni Estados Unidos ni Israel le piden tanto al Gobierno de Milei», señaló Tokatlian

Deja un comentario