Por Ernesto Jackson
Javier Milei va camino a parecerse a un «mono con navaja». ¿En qué sentido? La navaja no busca reflejar algo que puede lastimar. Lejos de eso: los índices económicos son auspiciosos.
Así, la navaja es el arma/argumento que, envalentonado, enarbola, agita para imponer su plan de poder frente a la política, cuando ésta se muestre respetuosa, defensora de las instituciones de la democracia.
Este «mono con navaja» podría enfrentarse en lo inmediato, con situaciones muy complicadas.
Milei necesita construir un poder que, hoy por hoy, no le alcanza. Apuesta al apoyo que pueda llegarle desde el PRO oficial (hay uno de los suyos, del «triángulo de hierro» que mira con recelo al ex presidente Mauricio Macri), pero para eso debe abandonar sus modos violentadores del sistema en que se basa la República.
Su obsesión por imponer al juez Ariel Lijo en la Corte Suprema mella al Poder Judicial; el empecinamiento en ubicar «un nido de ratas» en el Congreso, horada al Legislativo. ¿Dónde quedan los controles mutuos y la división de funciones?
Para ser liberal, no alcanza con gritarlo a los cuatro vientos. Hay que practicarlo día a día. Incluso – fundamentalmente -, con quienes piensan distinto.


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