Por la mañana, un familiar de uno de los periodistas de Humanidad, mandó un insólito vídeo, con la siguiente leyenda: «¡¿Y este loco?! Hay que seguirlo, jajaja». La curiosidad, como al gato, atrapó al cronista. La sonrisa aliviano el trajinar diario, no exento de complicaciones, en una semana donde uno percibió mucha agrura y enojo.
Por la tarde, camino a la Biblioteca Popular Manuel Belgrano, para ver y deleitarse con la música y las reflexiones de Ennio Morricone – quien antes del final de la película se preguntó «para qué hacemos lo qué hacemos» en nuestras vidas -, el periodista se topó de frente con una persona de aspecto similar al de la imagen matutina, vestido estrafalariamente. Se cruzaron y cada uno siguió su ruta. Hasta que el hombre de este portal, se animó, se dio vuelta y le habló:
-¿Sos vos? Justo esta mañana mi hijo me mandó tu prédica anti mufa.
-Ja, sí, es de hace unos días. Soy Iván, influencer, y extendió su mano para saludar, mostrando sus dientes blancos que le iluminaron la larga barba.
–Nos alegraste el día. Ya haremos una nota para nuestro portal, atiné a comentarle, apurado por llegar a la Biblioteca a las 6 y media de la tarde y gozar las genialidades de Morricone (el gran compositor italiano fallecido en julio del 2020) , un hombre tímido que parecía despertar y encenderse con el paso de los años. A todo ritmo e impulso vital. Dejó su espíritu musical y su atrevimiento para mejorar y mejorar. Como la bebida añeja. El azar, como profetiza Woody Allen, en sus películas (porque si o porque no) donde la pelotita puede caer de un lado o del otro.
Más tarde, el autor de esta nota, pensó para sí: «Nadie me va a creer de ese encuentro fortuito. Fui un b…No le pedí una selfie, ni un saludo para regodearme con la anécdota». Es que te subís al tren o lo dejás pasar. El lamento no conduce a nada. Compartimos el reel de @ivanrenkine:


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