El batifondo que hay en los partidos – astillados como cajón de manzanas, preparados para ser quemados y prender el fuego del asado -, alimenta la incertidumbre electoral de las legislativas de este año, que a la gente le importan muy poco, pero no a los dirigentes políticos, esos encuadrados en «la casta», se mire por donde se mire. ¿Quién podría afirmar algo hoy sin temor a equivocarse? Los libertarios, con Patricia Bullrich a la cabeza (pese a que formalmente es del PRO, de la que fue su presidente), funcionan como una aspiradora; los Macri se resisten, con fuerza en el distrito que controlan hace casi 15 años, cuando Mauricio depositaba toda su confianza en Horacio Rodríguez Larreta; el tole tole en el peronismo – que viene de un gobierno «alverso» – es descomunal: hasta que no se sepa que pasará entre la jefa del PJ, Cristina Kirchner y su brazo operativo, La Cámpora, de Máximo Kirchner, en su pulseada con el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, mejor ni hablar; ¿el cordobesista Martín Llaryora (lo novedoso) podrá conformar una fuerza de centro desde la rica zona núcleo agropecuaria?
Fueron varios los columnistas dominicales y analistas que se preguntaron qué pasaría si – ficha limpia en el camino de las buenas o malas intenciones -, Cristina resurge de las cenizas y compite finalmente en octubre. Los más inquietos son los inversores, que ya lo hicieron saber de todas maneras, por más entusiasmados que estén con la motosierra de Javier Milei. Humanidad ya destacó lo que exteriorizó uno de ellos con claridad meridiana, en una entrevista con Cenital. Parece que no se tomó nota.
Ayer, volvió a esucharse el interrogante: ¿y si Cristina, dos veces Presidente de la Nación y otra vez (para el olvido) Vice, se queda con la provincia de Buenos Aires?
Respuesta textual de Joaquín Morales Solá, en La Nación: «El Gobierno sufriría al día siguiente las consecuencias de esa victoria: los mercados reaccionarían muy mal y los inversores abandonarían el país».
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Una medular visión empresaria sobre las perspectivas de éxito de Milei, brindó el presidente de la Cámara de Comercio, Natalio Grinman, en una entrevista con Cenital. Confianza, temores, ajuste, jubilados, baja de la inflación, reforma laboral y Cristina Kirchner.
«Ella – discurrió -, podría volver de algún modo dos años después, deducirían. Milei no cree en el apocalipsis. Ella no tiene candidato presidencial. Está peleada con Kicillof, el kirchnerista que mejor mide, replican los mileístas».
«Es un error. Cristina Kirchner – aseguró -, nunca odió tanto a nadie como a Alberto Fernández y a Sergio Massa y, no obstante, terminó liderando un gobierno encabezado por esos dos kirchneristas que se le acercaron y la abandonaron sucesivamente varias veces. A Milei no le importa. Incluso, aseguran, no le importaría si la expresidenta ganara por unos módicos puntos la provincia de Buenos Aires, siempre que La Libertad Avanza resultara segunda. Sería una apuesta a todo o nada. Al Presidente le gusta el salto al vacío«.
Contó luego una anécdota significativa. Un consultor argentino estuvo en Wall Street y fue asaltado, como si fuera presa de mosquitos, por los hombres de negocios cuando afirmó suelto de cuerpo: «Se preocupan por una vida política que está terminando».
-No es suficiente. Queremos ver el certificado de defunción política”, le respondió, socarrón, un directivo del corazón financiero mundial.
Hasta aquí la especulacion de la que se hará eco el portal. Por lo pronto, ahora moverá el karinismo en acción.


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