En un momento de los catorce años en prisión de Edmundo Dantés, protagonista de «El Conde de Montecristo», su vecino de encierro le habla sobre sus excavaciones para escapar. El desdichado personaje inventado por Alejandro Dumas le responde con el número exacto de ladrillos que tiene la celda. «Los he contado todos». «¿Y ya les has puesto nombres?», responde el viejo. Dantés se larga a llorar.
La genialidad de la pregunta inspira a seguir viviendo con la mayor dignidad posible en las peores condiciones. Es que este personaje fue privado de su libertad por algo que no hizo, denunciado por quien creía ser un amigo, pero que guardaba un rencor infantil.
El anciano le dice que se quede tranquilo, que también ha estado donde ahora él se encuentra, con esa angustia y desolación. Sin embargo, a ambos les da fuerza una frase grabada en las rocas: «Dios me dará justicia».
La historia continúa con el traqueteo de Dantés por conquistar una fortuna, planear su venganza con los conocimientos adquiridos («El Príncipe», de Maquiavelo, asignaturas básicas, entre otros), y al fin expresar ese rencor por lo que le hicieron. ¿Fue Dios el que hizo justicia o fue el hombre que no pudo encontrar otro sentido en su vida?
No pudo borrar los castigos de latigazos que dejaron su espalda ensangrentada; el maltrato y la negligencia que terminó siendo la salvación de los reos, quienes aprovechaban la baja vigilancia para estudiar, aprender a pelear, y cavar. ¿Cómo olvidarlo? La historia del Conde de Montecristo nos trae el dilema de dejar atrás, o perfeccionarse para devolver la patada.
Las ironías de la vida nos lastiman tanto, que cuando estamos mal, con el solo sufrimiento alcanza para que nos dejen tranquilos. Pero cuando estamos bien, no va a faltar quien quiera venir a joder.


Excelente
Muchas gracias!
es asi
Gracias! Saludos!