Cultura

«Shéhérazade», el amor en la prostitución y la condena

Un largometraje francés que se mete en el submundo de Marsella, donde dos jóvenes padecen realidades duras, mientras que disfrutan los dulces ficcionales del enamoramiento.

Esta película, que lleva el nombre de la hija del visir en el histórico relato oriental de «Las Mil y una Noches», es una muestra de la brutalidad con la que se vive en los submundos de la sociedad moderna. Por más sistema judicial, acompañantes legales, y planes existentes para modificar el rumbo de un joven que está en la mala junta, una pulsión lleva a Zach hacia otros lados.

En una calle donde funciona la prostitución se encuentran Zach, de diecisiete años, con detenciones en centros juveniles por venta de marihuana, y Shéhérazade, otra joven que desde que se fue de la casa de sus padres recurrió a lo ilegal para sobrevivir.

Con el resguardo de no idealizar la marginalidad, esta película permite simpatizar con los personajes, conociéndose más al chico que a la chica, de quien se cuenta menos.

Entre tantas facetas interesantes y bien recreadas del largometraje disponible en Netflix, una de ellas se destaca, y pareciera que en esto no tenemos vuelta atrás los humanos: el deseo de venganza. Pudiendo estar todo bien, los celos y la envidia meten la cola, dando origen a disputas que no habrían tenido lugar si la venganza se hubiera soltado lo más rápido posible.

Al estar en la ilegalidad, no solo tienen el peso de sus vidas, sino también una mirada ajena acechante. ¿Quién da la verdadera condena? ¿La jueza? ¿los pandilleros que en nombre del Corán tratan a la mujer como una «puta sin sentimientos»? ¿O el último beso? Ese beso que dice las palabras que la mayoría quisiera escuchar de su amado/a: te esperaré.

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