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“Los nuevos vengadores”, una interesante trama psicológica sobre la depresión

"Thunderbolts*", luego rebautizada, es la última creación de Marvel (mayo 2025), en esta ocasión con súper agentes que muestran sus historias personales. Desde la joven con una estabilidad rutinaria y desapasionada, hasta el hombre que manda por orgullo y no quiere revelar su estado de abandono.

Este artículo no contiene spoilers. 

Los largometrajes de Marvel no son solo super héroes luchando. Profundos significados se esconden (y a veces son bastante visibles) en las frases o historias de vida que presentan sus personajes. “Thunderbolts*”, luego renombrada por cuestiones comerciales como “Los nuevos vengadores”, escenifica cómo es padecer depresión, y en menor escala, verse atosigado por la sombra que persigue a quienes sufrieron en el pasado. 

La pregunta es ¿alguien no sufrió? Con el simple tocar de manos, un personaje tiene el poder de ver las infancias ajenas, donde mayormente encuentra traumas por violencia en el ámbito familiar. Y en aquellos que no sintieron cosas horribles en casa, lo sentirán en institutos o academias. 

La historia versa sobre el trabajo de unos súper agentes en la CIA, entre los que se destaca Yelena Belova (interpretada por Florence Pugh), una chica que desde que tiene memoria tuvo entrenamiento militar en la Unión de las Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Lo irónico es que luego de los crueles episodios y tareas encomendadas por los soviéticos, termina al servicio de los Estados Unidos, donde se vale de su educación inicial para asesinar y destruir. Por supuesto, en beneficio del pueblo estadounidense. 

Belova (Pugh), a la derecha

Yelena es hija de un olvidado héroe de Europa del Este, considerado el “Guardian Rojo”. Así como no se dice cómo llegó a EEUU la niña entrenada para matar, tampoco se desarrolla la relación con su padre, al que casi nunca visita y le recrimina algo trascendental de su niñez. 

Desde la primera escena hay mensajes explícitamente psicológicos. La protagonista, que luego será acompañada por otros desdichados, se pregunta si el vacío que siente es por el cansancio de su estabilidad, por lo que no puede olvidar, o simplemente porque está aburrida. 

“Estoy tan sola. Ya no tengo nada. Voy a trabajar y luego llego a casa donde no hay nadie, bebo, y me siento a mirar el teléfono. Luego me pongo a pensar en todas las cosas terribles que he hecho una y otra vez”, le dice Yelena a su progenitor. Este comportamiento pareciera ser más que un guiño al sinsentido que muchos jóvenes padecen en las grandes ciudades, entre la deshumanización y la realidad virtual. 

El otro gran tema es combatir la sombra, que sin decirlo incita a escuchar las teorías de Carl Jung. El lado oscuro puede apropiarse completamente de un sujeto, apagando así la ciudad, incluso todo el mundo, si no deja de lastimarse a sí mismo.

Recibir abrazos de quien ofrece su amor (¿genuinamente o para salvar la misión? ¿importaría la diferencia?) es parte del triunfo, que se da en equipo. Un equipo que no es de súper héroes, pero sí de quienes no se rinden. Por mas libros de “Blancanieves” (En ruso: Cнегурочка) que hayan caídos en el camino. 

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