Por Luciano Ronzoni Guzmán
El amor, en la era líquida, es consumido como un producto: mientras satisfaga, se mantiene; cuando deja de hacerlo, se descarta».
Zygmunt Bauman
El sociólogo polaco propuso entender en profundidad la fragilidad de la forma actual de vincularnos, cuya característica central es la individuación extrema, donde todo está mediado por la lógica costo-beneficio.
Se suele banalizar en el habla cotidiana una frase que es lapidaria: “Me sirve o no me sirve”. Así, sólo se sostiene lo que genera un rendimiento máximo. De ahí que las relaciones amorosas sean endebles, mutables, reemplazables. No hay aceptación de lo que incomoda, molesta o saca de la zona de placer. El otro deja de ser otro y pasa a ser un medio para que podamos realizarnos.
Y cuando aparece la diferencia, la densidad, la carga, se vuelve insoportable. Se le pone el rótulo hoy de moda por otros motivos: Fin. Se le exige al amor satisfacer permanentemente cada deseo con intensidad suprema. Y cuando no puede cumplir ese delirio socialmente validado, se hace delete. Se borra. Se lo descarta como mercadería vieja, y se sale a buscar en la góndola del mercado afectivo una nueva relación-mercancía que reinicie el ciclo.
Así, la estabilidad se vuelve imposible. De hecho, se le tiene pánico. Porque elegir una posibilidad, como si fuera un colapso cuántico, enfrenta a la angustia de “perder” miles de otras posibiidades. Y no se vive para eso. No hay tiempo. Todo es ahora.
Por qué Darwin demostró que es conveniente casarse, pese a las ventajas de no hacerlo
Charles Darwin, autor de la Teoría de la Evolución de las Especies, elaboró una lista de pro y contras de casarse. La BBC la reprodujo. También consignó opiniones de otros genios que pueden leerse en el link.
Se impone una corriente de abandono y descarte. Luego, traducida a las mega estructuras, se vuelve constitutiva; hecho social, norma. Y como dijo Papá Durkheim: “no puede ser modificada por un simple decreto de la voluntad».
En esa fiebre ansiosa que lleva al máximo la angustia neurótica, se transita, como consecuencia, en forma de sometimiento a una eterna sensación de soledad; aun estando acompañados por mercancía humana útil que nunca acaba de completar al otro/a.
Pero, lo más inquietante y aterrador, es lo que no se advierte: es uno mismo el próximo producto a ser desechado y enviado a la papelera.


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