Por Sergio Sinay
En una escena fundamental de la película “Hannah Arendt”, de la directora alemana Margaret Von Trota, la gran filósofa política (interpretada por Barbara Sukowa) dicta una clase en la que, refiriéndose al criminal nazi Adolf Eichman (cuyo juicio ella cubrió de manera memorable para la revista The New Yorker), expresa una reflexión que necesita ser escuchada hoy, en tiempos tenebrosos. Estas son sus palabras:
«Tratar de entender no es lo mismo que perdonar. Solemos llamar pensamiento a ese diálogo silencioso entre yo y yo misma. Al negarse a ser una persona, Eichman renunció completamente a la cualidad humana más determinante: la capacidad de pensar. Por lo tanto, él ya no era capaz de hacer juicios morales. Esta incapacidad de pensar creó la posibilidad para mucha humanidad común de cometer crímenes a una escala gigantesca como nunca alguien había visto anteriormente. Es cierto que he considerado estas cuestiones de una manera filosófica: la manifestación del viento del pensamiento no es el conocimiento sino la capacidad de diferenciar el bien del mal, lo hermoso de lo horrible, y yo espero, que el acto de pensar le dé fuerza a las personas para evitar catástrofes en estos raros momentos en que las papas se queman”.
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Hoy las papas queman, aquí y en todo el mundo. Unos las cocinan y otros las comen. Son muchos unos y otros, demasiados, y en todos ellos la capacidad de pensar, ese don que nos fue dado y que tan fácilmente se desprecia, es una llama en extinción. Cuando el pensamiento crítico se apaga la ignorancia, la estupidez y el mal sientan sus reales.


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