Derechos Humanos Opinión

El «Nunca más» sigue interpelando a la democracia

Ahora que el "Nunca más" - lema que hizo carne con la llegada de la democracia - se ha vuelto a partidizar, el licenciado en comunicación social Toschi asocia tres hechos ocurridos un 18 de septiembre. Una metáfora de la Argentina.

Por Damián Toschi (Clarín)

El calendario conspira contra el olvido, encadenando hechos que reverberan en la memoria colectiva y llaman a la reflexión. Julio César Strassera, fiscal del Juicio a las Juntas – realizado entre abril y diciembre de 1985 – nació en Comodoro Rivadavia, Chubut, el 18 de septiembre de 1933. Justamente el día en el que cumplió 52 años, el destino y la decisión política del entonces presidente Raúl Alfonsín lo llevaron a concretar el pedido de condena contra los responsables del Terrorismo de Estado durante la última dictadura.

Acompañado por Luis Moreno Ocampo, el vehemente letrado culminó su intervención diciendo: “Señores jueces: quiero renunciar expresamente a toda pretensión de originalidad para cerrar esta requisitoria. Quiero utilizar una frase que no me pertenece, porque pertenece ya a todo el pueblo argentino. Señores jueces: ‘Nunca más’”.

Para la reconocida periodista Norma Morandini, la fecha remite a tragedia. Sus hermanos, Cristina y Néstor, militantes de la Juventud Universitaria Peronista (JUP), están desaparecidos desde el 18 de septiembre de 1977. Tenían entonces 20 años. Lo ocurrido con “Pipi” y “Titón”, como los apodaba su familia, fue un parteaguas personal. “Vivo la desaparición de mis hermanos como una gran inmolación”, afirmó la dirigente política cordobesa en 2011, durante una entrevista con Radio Universidad Nacional de La Plata (AM 1390).

Más adelante en el tiempo, otra jornada enlutó el almanaque. El 18 de septiembre de 2006, en La Plata, fue visto por última vez Jorge Julio López. En junio de aquel año había declarado como testigo en el juicio contra Miguel Etchecolatz por delitos de lesa humanidad. La investigación sobre el paradero recayó en el Juzgado Federal Nº 1 de La Plata, a cargo del juez Manuel Blanco. En 2008, el caso fue caratulado “López, Jorge Julio, s/ desaparición forzada de personas”.

Treinta años antes, durante el Proceso de Reorganización Nacional, el albañil y militante peronista fue secuestrado en la capital bonaerense en octubre de 1976 y liberado por la dictadura en junio de 1979.

Cada experiencia dejó su marca. Hace cuatro décadas, el alegato en el juzgamiento de los represores y la referencia final al informe de la CONADEP fue un estruendo cívico, el reclamo civilizatorio que cimentó el Estado de derecho recuperado en 1983. “El hombre gris que gritó justicia” – título de la excelente biografía de Strassera escrita por Jaime Rosemberg y publicada recientemente por Eudeba – cumplió una misión redentora, cuyos ecos llegan hasta hoy.

La suerte de los jóvenes Morandini interroga la conciencia social, permitiendo advertir la velada lógica sacrificial que acompañó a la militancia política en los años ’70. Tanto quienes apostaron por la lucha armada como aquellos que transitaron el sendero del accionar pacífico, vivieron en carne propia la violencia estatal y paraestatal, latentes incluso en el período constitucional 1973-1976.

Mientras la partidización de algunos organismos de derechos humanos y la retórica setentista del kirchnerismo iban de la mano, la ausencia de López – de la que se cumplen 19 años – expuso las falencias del régimen de protección de testigos y la incapacidad estatal para velar por su vida e integridad física. Compartiendo una fecha en común, las tres historias son una metáfora de la Argentina, un país con luces y sombras, donde el reclamo de verdad, justicia y memoria no tiene dueños y continúa interpelando a la democracia.

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