Confirmado: las cartas siguen vivas, viajan, conmueven y nos encuentran. Tal la conclusión de la 2a. Maratón Epistolar organizada por las escritoras Agustina Caride y Soledad Vignolo que unió a cientos de personas de toda la Argentina. Con las ganadoras se hizo una antología reunidas en un libro presentado en el local de Fervor, de la ciudad de Mar del Plata.
De todas ellas, Humanidad eligió una de Soledad Rivero Álvarez, que atendió a una consigna predeterminada, en este caso la frialdad.
22 de mayo de 2025
Antonio:
He leído tu carta. No tengo interés en retomar el contacto. A esta altura de nuestras vidas tu arrepentimiento no me cautiva. Es tu problema resolver esto ahora, solo como buscaste estar.
No quiero recibir una respuesta, ni quiero seguir en conversación con vos. Ya no hay espacio para vos en mi vida, por tanto, ni en mi corazón.
No hay rencor, pero tampoco hay nostalgia. Lo que alguna vez significaste se ha desvanecido con el tiempo, con tus decisiones, con tu ausencia. No me mueve el pasado, ni me conmueve tu intento tardío de reparar lo que dejaste romper.
No estoy en deuda con vos, ni emocional ni moralmente. No te debo explicaciones, ni consuelo, ni una segunda oportunidad. Lo que necesitabas decir, ya no tiene destinatario porque lo dije en su momento y no quisiste escuchar.

Tus sentimientos llegaron tarde. No por el calendario, sino por la distancia emocional que ya es irreversible, no siento nada por vos.
No me interesa saber si cambiaste, si entendiste, si sufriste. Esa información no modifica nada. No me afecta, no me toca.
No hay curiosidad, ni expectativa. Solo indiferencia.
Te pido que no insistas. No busques nuevas formas de acercarte. No confundas mi silencio con duda, ni mi firmeza con enojo. No hay emoción en esta decisión. Solo certeza.
No hay más que decir, y eso también es una elección.
No quiero que esta carta se interprete como un gesto de reconciliación, ni como una puerta entreabierta. Es, simplemente, el cierre que vos no supiste dar y que yo ya había hecho en silencio.
No hay espacio para vos en mi presente, y mucho menos en mi futuro. No hay lugar para tu voz, tus palabras, ni tus recuerdos. No hay lugar para vos, en ningún sentido.
Esto no es un castigo. Es una consecuencia.
Y como toda consecuencia, llega sin dramatismo, sin escándalo, sin necesidad de ser comprendida.
Solo llega. Y se queda.
No espero que lo comprendas. No estoy buscando tu aprobación ni tu entendimiento.
Solo espero que lo aceptes, con la misma frialdad con la que yo acepté, en su momento, que ya no había nada que esperar de vos.
No hay más.
Sol.


0 comments on “Despedida gélida por carta”