El primer traidor ¿quién fue?
La cadena de traiciones tuvo que haber tenido un comienzo. ¿Y si está tan atrás en el tiempo que nuestro sufrimiento se hace vano? ¿Para qué matarse si ya nos mataron?
La cadena de traiciones tuvo que haber tenido un comienzo. ¿Y si está tan atrás en el tiempo que nuestro sufrimiento se hace vano? ¿Para qué matarse si ya nos mataron?
En el prólogo al cuento «La estatua de sal», Borges dijo de Leopoldo Lugones (1874-1938) que sin desmerecer al prosista, su labor máxima fue la poesía. Por la memoria de los argentinos andan versos suyos, que suelen repetirse a media voz.
¿La llegada del Mesías es posible entre la miseria humana del tiempo actual? Cada uno carga con la sabiduría y la tentación, en un estado diferente a quien está al lado, por las simples complejidades de pertenecer a la especie humana.
El crudo relato de una mujer que en una noche vio partir su vida. Bajo la mirada y el carisma de un bello hombre, y con la angustia latente de su alma, se arrojó a la boca del lobo.
El escritor Miguel Gaya, de Ayacucho, regaló en redes sociales un poema. Mencionó una generación golpeada y un presente triturado por las leyes de mercado. Amada tierra a la que ni el polvo de sus huesos quiere legar.
El título original de este poema de Borges es 1964, aludiendo al año en el que fue escrito. Conmueve en el alma a los lectores. Es que las horas son tan largas, vida es corta y solo queda el gozo de la tristeza.
El húngaro Sandor Marai (1900-1989), evocó al referirse a «los horrores de la soledad» a San Pafnucio de Egipto, a quien se venera el 11 de septiembre como patrón para encontrar objetos perdidos. Fragmento de la novela La mujer justa.
Escribir ficción es maravilloso, es como explorarse a si mismo, incluso cuando envejezco». Antes de sacar su nueva novela, donde verá la vida desde una perspectiva femenina, Murakami, de 77 años, destacó la influencia de la música en su escritura.
En «La Escuela Lacaniana de Buenos Aires», Ricardo Strafacce, recrea una reunión de un grupo de psicoanalistas que entiende que hay que aplicar maltrato o verdugeo al paciente para sacarle «la cobardía moral del neurótico». Horacio Convertini da su veredicto.
En una carta desde La Habana, difundida por sus fans, el escritor Leonardo Padura – autor, entre otros, del libro El hombre que amaba a los perros -, escribe sobre la vejez. En sus 70, nos cuenta qué es lo que festeja.










