Opinión Política

La clase alta argentina sale del clóset

Jorge Liotti - uno de los periodistas anatematizados por Milei, quien atacó su columna del domingo pasado, reproducida por Humanidad - volvió a meter el dedo en la llaga. En este tramo, alude a la trampa de las asimetrías sociales en Argentina.

Por Jorge Liotti (La Nación)

Las asimetrías sociales tuvieron en los últimos días dos retratos tremendamente gráficos, que ilustran la cristalización de segmentos cada vez más distantes, uno arriba y otro abajo de la pirámide poblacional. La primera de esas pinturas la aportó Fernando Moiguer al presentar su más reciente trabajo que, contraintuitivamente, se enfocó en la nueva configuración de la clase alta. El consultor la caracteriza como una emergente del modelo propuesto por el Gobierno, legitimada por el discurso de Milei de que ser rico no está mal. “Históricamente, la clase alta argentina tendió a diluirse simbólicamente bajo la ‘identidad de clase media’, como forma de integración cultural y resguardo frente a la inestabilidad política y social. Hoy, ese pacto implícito comienza a romperse. Cambia el contexto macroeconómico, el clima social y las formas de legitimación del éxito”, describe el estudio.

A partir de ese disparador hace una profunda radiografía económica y sociológica de ese sector que representa el 6% de la población, pero el 49% del ingreso total del país. Señala que hay un desacople entre la clase media y la clase alta, porque “mientras amplios sectores de la clase media ajustan expectativas y profundizan sus estrategias de supervivencia, la clase alta, más allá de preservar su posición relativa, se transforma y redefine sus códigos. Deja de funcionar como una extensión aspiracional de la clase media y comienza a operar como un sujeto social con lógica propia”.

Remarca que la clase alta empieza a tener nuevas dinámicas, como la territorialización (élites regionales vinculadas a los polos más activos), la fragmentación (diferencia la clase alta de los “herederos”; la de los “auto-construidos”, como profesionales y empresarios consolidados; y la de los “emergentes”, nuevos ricos de origen popular, los tres grupos con conductas y estéticas diferentes), y el consumo estratégico (búsqueda de calidad, de promociones, de experiencias).

En definitiva, Moiguer pinta con agudeza a la punta de la pirámide como un actor social con una identidad propia que ya no disimula su riqueza, y que se siente validada por un mensaje que emana desde el propio Milei y que coexiste con un ecosistema digital que contribuyó a socializar modos, estilos, consumos, conductas, sentido de pertenencia y aprobación.

En el otro extremo se sitúa el últlimo informe del Indec sobre Indicadores de la vida de los hogares en 31 aglomerados urbanos, con datos consolidados del segundo semestre de 2025. En ese trabajo se desglosa una serie de datos que dan cuenta de un empeoramiento de las condiciones de vida de los sectores de estratos más bajos. Quizás la cifra más abarcativa es la que señala que sólo el 28,2% de los pobres acceden a servicios de agua, gas y desagües, mientras que un año antes esa cifra era de 32,1%. Lo mismo ocurre con el ítem vivienda: el 65,9% habita en construcciones con materiales de calidad, pero el año anterior esa cifra era de 67,9%.

Son pequeñas señales que parecen sustentar el dato sobre pobreza que el Indec dio a conocer el viernes. Al desagregar el último trimestre del año pasado se notó una suba de tres puntos, que pasó del 26,9% en el período julio-septiembre al 29,9% entre octubre y diciembre. Es una tendencia que preanuncia un crecimiento de la pobreza en el arranque del 2026, pero que puede tener una parábola inversa en los próximos meses, si se cumple la previsión de una baja inflacionaria en el segundo trimestre.

Más allá de las estadísticas, se nota que así como la clase alta se cristaliza hacia arriba con dinámicas propias, la clase baja se consolida hacia abajo con consumos retraídos, en un comportamiento dual que es un signo distintivo de la marcha de la economía hoy.

La clase media, que históricamente caracterizó a la sociedad argentina y funcionó como un amortiguador y al mismo tiempo como un promotor aspiracional, aparece hoy más atenta a no caer dentro de los parámetros de la clase media-baja, que a mantenerse en la ilusión del ascenso social. En la Argentina de las asimetrías su margen de identidad se angosta. Ser de clase media hoy no es un significante nítido.

Santiago Poy, investigador en temas de desigualdad socioeconómica del CIAS, remarca que “la clase media sufrió mucho los recortes del sector público: la reducción de subsidios deterioró su ingreso disponible, el empleo público perdió poder adquisitivo y se contrajeron los recursos clave para sus expectativas de movilidad social, como sucede con la educación superior. Pero en buena medida ese segmento mantuvo expectativas porque hasta el año pasado había una narrativa, impulsada por el Gobierno, de que la estabilidad era un valor. Lo que ahora está en tela de juicio es si la estabilidad también es capaz de generar una mejora económica”.

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