Por Carlos Fara
La vara de hierro, Javier y Karina (el triángulo se rompió hace un año, como anticipamos), no va a echar a Manuel Adorni. Tiene razón el presidente cuando habla de costo marginal. Algo así como “si te mandaste una macana, fingí demencia y seguí para adelante”, o “hacerse el boludo”, como pontificó el legendario Felipe Solá. El problema no es el “deslome-gate”. El punto es el contexto en el cual se da. Si el Javo no hubiese hablado de la moral como política de Estado, la mujer del jefe de gabinete sería tan importante como el peluquero de Menem o la asistenta de Fabiola. Pero cuando te pones la camisa blanca sin que nadie te lo pida, una mancha se nota y predomina la conversación ciudadana. Problemas estratégicos de la comunicación de gobierno.
No lo va a echar a Adorni porque sería reconocer que lo sucedido es grave. Tampoco lo va a sacar porque esta conducción endogámica no tiene muchas figuras a las cuales recurrir para desempeñar un rol tan central, que exige compenetración y disciplina absoluta. Y no se va a desprender de él porque se desarmaría todo el tablero oficialista que le augura al exvocero presidencial la toma de Kamchatka en el TEG: la ciudad de Buenos Aires. Si esa ficha se desgasta, la amenaza interna se llama Patricia Bullrich, además de festejar Jorge Macri (y Mauricio también, que se enteró de sopetón por Milei de su designación mientras estaban almorzando). En política se hace lo que puede, no lo que se quiere. ¿No es así, Diego Valenzuela? Ser amigo del presi no garantiza nada.
Las torpezas del jefe de gabinete – que además viajó a Punta del Este (NR: con su familia, en un vuelo privado) – le ensuciaron mediáticamente al gobierno su semana estelar en Nueva York. Pero los inversores no dejarán de ponerla en Argentina por la desprolijidad de Adorni. La avidez por alta rentabilidad no se fija en cuestiones éticas, ni en violaciones de derechos humanos, ni en moralidades. Lo que les preocupa es la consolidación del actual modelo económico. Y sí, Javier: te corren el arco todo el tiempo. Así es la vida. Se suponía que el Messi de las finanzas (Luis Caputo) lo tenía que saber de antemano.
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Acá es donde empiezan los problemas. El tema de las últimas semanas – profundizado por el 2,9 % de inflación – es cómo seguir bajándola sin morir en el intento. O que las empresas locales, sobre todo las pymes, no desaparezcan. Para eso llega Ernesto Talvi, uno que ya hizo la tarea exitosamente en el admirado país de al lado. Si existe una decisión de girar el timón en este aspecto para arribar a buen puerto, bienvenido sea. Pero eso implicará varias cosas políticamente:
- Si la inflación que empiece con 0 ya no será algo prioritario, deberíamos ver un cambio sustantivo en la comunicación oficialista al respecto para recalibrar expectativas. Toto dijo en las últimas horas que, si no era en agosto, sería en septiembre u octubre, para no estar tan atado. Pero con eso no alcanzará. Habrá que desdecirse sin que se note.
- Si el gradualismo se impone – pese al endiosamiento del shock – para salir de la estanflación, implica que el gobierno deberá empezar a vender otro objetivo: ¿la reactivación? Habrá que ver cómo generar expectativa al respecto, que no sea “los brotes verdes”, “el segundo semestre” o “lluvia de inversiones”. Van dos ideas gratis: “aunque no lo veamos, el sol (la reactivación) siempre está”, o “e pur si muove”.
- Como la reactivación percibida no es algo que registre la ciudadanía rápidamente, ¿qué otros temas tiene el gobierno para mostrar que la Argentina va por el buen camino? Va a tener que pensar un poco, porque las batallas culturales no calan.
Si alguna amenaza seria tiene el gobierno no es una oposición competitiva – por ahora – sino una sociedad que se desanime por el camino. No solo que sufra, lo cual siempre genera heridas difíciles de curar, sino que no tenga expectativas, o considere que el costo es demasiado alto por un beneficio magro. En otros términos, el problema no es Quintanilla Madanes y su fábrica de neumáticos. El problema es que se generalice el miedo a perder el empleo, más allá de si los empresarios saben competir o no.
La Argentina Week dejó en el tintero otro detalle: la instancia del león de elevar su modelo económico a la categoría de moral. De vuelta otra pelea con Maquiavelo. Aunque doña Rosa no se entere, es importante porque el primer mandatario quiere consolidar su axioma. No eligió un rumbo solo porque dé resultados, sino porque es moralmente correcto. Milei está así cumpliendo con un requisito básico del storytelling contemporáneo: basar su posicionamiento en premisas morales, de modo que le permita tener adherencia simbólica y afectiva. La pregunta del millón es si la mayoría de la sociedad argentina cree en eso. Respuesta sintética: dependerá de los resultados. El voto 2023 que le dio el triunfo fue una apuesta pragmática, no ideológica, además de no querer al kichnerismo.
Más allá de los indicadores económicos no positivos – diría Julio Cleto Cobos – la semana que pasó tuvo vericuetos en el área justicia. Primero, el león debió desmentir que hubiera un acuerdo que los salve a «Chiqui» Tapia y compañía debido a las relaciones familiares del nuevo ministro. Luego apareció curiosamente el abogado de Cristina (Gregorio Dalbón) diciendo que lo de la AFA se arreglaba con Karina. Segunda desmentida. ¿Quién lo habrá mandado a Dalbón? ¿Quién estaría torpedeando un acuerdo por debajo de la mesa? ¿Alguien que se queda afuera?
La administración libertaria hizo un gesto inteligente hacia la Corte Suprema indicando que no están apurados por cubrir vacantes. Meta mensaje: con Uds. tres estamos tranquilos. Por ahora. Un detalle más: la UIF y la Oficina Anticorrupción ya no deben ser querellantes. Más allá de la pertinencia jurídica, otro meta mensaje: lo importante que será el nuevo jefe de los fiscales nacionales, es decir, ¿el propio Juan Bautista Mahiques? “¡El mundo será mío, mío!”, decía el profesor Neurus.
Si el gobierno pegase un golpe de timón en lo económico, la cuestión es si lo hará con la misma tripulación o algún marinero distraído caerá al agua.
- Imagen destacada el uruguayo Ernesto Talvi, nueva herramienta del ministro de Economía, para tratar dar «un golpe de timón». Ya habló con Milei


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