Si bien no profundizó (y eso que está embanderado y varias veces proclamó que «vamos a ganar» (sic) – el presidente Javier Milei reconoció que el impacto de la guerra en Medio Oriente (en la que está alineado sin dobleces con EEUU e Israel contra Irán), contribuyó a subir la inflación de marzo al 3,4% . Algo que – curiosamente – en lugar de desmoralizarlo, lo llevó gritar que hará ronronear con más fuerza a la motosierra, ante empresarios argentinos y norteamericanos.
Por eso, llamó mucho la atención que el economista Juan Carlos de Pablo – contertulio habitual suyo en Olivos y al que no se le ocurriría ponerle el sayo de «chanta» -, lo contradijo a él y al titular de la cartera, Luis «Toto» Caputo. Avisó que las consecuencias del conflicto bélico se verán recién en los próximos meses en el IPC. Y eso que Milei aún apuesta – jugándose su inestable credibilidad – a que la carestía interna comenzará con un 0 a partir de agosto.
«Hay una cosa ausente en el aumento de precios al consumidor de marzo: la guerra“, planteó De Pablo este martes por la noche, en una entrevista con Luis Majul en LN+. “Hay que tener cuidado”, dijo y explicó: “En febrero, sin la guerra, tuvimos 2,9% y ahora hay de tres para arriba”.
«Aún no se sintió», dijo el profesor. ¡En la Argentina, no! Por el contrario, al hablar dando cátedra de moral judeo-cristiana,, con Manuel Adorni en un lugar expectable, Milei insistió en que su objetivo – inundando de pesos la plaza y haciendo que el Banco Central compre dólares – «es hacer colapsar la inflación». A como de lugar, con su receta, «más tarde o más temprano».
Por supuesto, el dato del mes anterior le disgustó. Entonces, además de quejarse de la estacionalidad y de los aumentos en educación y en la carne, hizo referencia concreta más de una vez a lo que sucede alrededor del estrecho de Ormuz. Y, más sincero que de Pablo, reconoció que la suba en los precios de los combustibles, como dominó, se fueron trasladando al transporte y, en consecuencia, produciendo descalabros en otros rubros, incluidos los alimenticios. La empresa La Serenísima, por caso, aplicó en muchos productos lácteos el 15% ciento, según registro de comerciantes y supermercadistas.


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