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Rocky Balboa adictivo, 50 años después

A 50 años de la leyenda de Rocky, Daniel Dessein explicó su nacimiento: un boxeador desconocido que resistió casi 15 rounds frente a Muhammad Ali, inspiró a un ignoto actor que se negaba a ser un vago más del barrio.

Por Daniel Dessein (La Gaceta de Tucumán)

Todo empezó en Richfield, Ohio, el 24 de marzo de 1975. Cinco meses después de la histórica pelea de Kinshasa en la que Muhammad Ali había vencido a George Foreman, el campeón decidía darle una oportunidad a Chuck Wepner, un ignoto veterano de 36 años que se ganaba la vida como distribuidor de bebidas alcohólicas. Don King promocionaba la pelea con el lema “Dénle una oportunidad al chico blanco”, mientras Ali la presentaba como un “entrenamiento público”.

A Wepner lo apodaban “el Sangrador de Bayonne” por unas cejas frágiles que habían acumulado más de 300 puntos de sutura a lo largo de su carrera. Los primeros ocho rounds transcurrieron con un previsible dominio de Ali y con el rostro de Wepner cubierto de manchones rojos por los golpes. En el noveno, pasó lo inconcebible. Un derechazo de Wepner al cuerpo terminó con Ali en la lona.  

En una discusión nunca saldada, Ali diría después que había recibido un pisotón que el árbitro no vio. Lo cierto es que la pelea siguió hasta el quinceavo y definitivo round. En el último minuto, Ali tiró a la lona a Wepner. A los seis segundos, Wepner se agarró de las cuerdas de un costado del ring y, antes del octavo, se paró. Diecinueve segundos antes del final, el árbitro paró la pelea.

Uno de los espectadores del combate era Sylvester Stallone, un actor desconocido de 28 años que intentaba abrirse camino en la industria cinematográfica mientras se mantenía con trabajos ocasionales como acomodador de cine o empleado de una pescadería. Stallone sintió que lo que acababa de ver podía tocar una fibra sensible en millones de personas: aquellas que arrastraban sueños incumplidos y la pesada sensación de no haber llegado a ser lo que querían por no haber tenido “la oportunidad”.

Stallone se encerró a escribir en su monoambiente alquilado de tres por cuatro. Tres días después tenía listo el guion de “Rocky”. Era la historia de un boxeador amateur, rústico y frustrado, que se gana – o desperdicia – la vida como matón de un prestamista en un barrio obrero de Filadelfia. El campeón de los pesados Apollo Creed – alter ego de Muhamad Ali – decide darle la oportunidad a “un donnadie” como estrategia publicitaria para levantar su imagen.

Stallone llevó su guion a los productores Bob Chartoff e Irwin Winkler, a quienes conocía de uno de los castings a los que se había presentado sin suerte. Ambos quedaron tan interesados en la historia como sorprendidos por la intención del guionista de protagonizarla. Sin dotes aparentes y nula trayectoria, su presencia en la pantalla conspiraba contra las posibilidades comerciales de la película. Pensaban en Ryan O’Neal, Burt Reynolds o James Caan, grandes estrellas de la época, para el papel principal. Le ofrecieron 25.000 dólares por el guion si renunciaba a protagonizarlo. Después, 100.000. Finalmente, 360.000. Stallone, que había llegado a vender a su perro para subsistir y tenía apenas cien dólares en su cuenta bancaria, dijo siempre que no. Esa pulseada es el centro del filme “Yo soy Rocky”, que se estrenará en noviembre próximo.

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En enero de 1976, la filmación de “Rocky” se hizo contrarreloj por restricciones presupuestarias. No podían exceder las cuatro semanas. Stallone y Weathers trabajaron a destajo para suplir a los dobles que se negaban a coreografiar la pelea central. Los productores rechazaron distintos tramos, incluyendo el final, que fueron reescritos mientras se agotaba el tiempo. Una escena en una pista de hielo estaba prevista con 300 extras. Por falta de presupuesto, en la película la pista está cerrada y Rocky convence al cuidador – el único extra que pudieron pagar – que lo deje entrar por diez dólares. En la última escena, el ring se llena de personas, Rocky llama a los gritos a su novia mientras le hacen una entrevista y el público mantiene una ovación que tapa el anuncio del fallo de los jueces, que a esa altura poco importa.

El 20 de noviembre de 1976 se estrenó “Rocky”. La película arrancó con algún traspié, como una crítica devastadora en The New York Times, pero pronto la inercia se revirtió, los espectadores gritaban en el cine como en una pelea real y el éxito no se detuvo más. Recibiría diez nominaciones al Oscar, incluyendo dos para Stallone: mejor guion y mejor actor. El film ganó tres, entre ellos el de mejor película, imponiéndose a títulos icónicos como Taxi Driver y Todos los hombres del presidente. La historia de Rocky se mezcló con la de su creador: la de un desconocido que resiste las adversidades hasta alcanzar aquello que parecía imposible.

La película se apoyó en varios pilares, entre ellos las actuaciones de Weathers, Talia Shire y Burt Young, y la sobresaliente composición de Burgess Meredith como Mickey Goldmill, el entrenador de 76 años que también recibe su “gran – y en su caso última – oportunidad”. Mickey le recuerda a Rocky que él también tuvo su chance. En 1923, la misma noche en que Firpo sacó del ring a Dempsey, pero al igual que el argentino no pudo aprovecharla porque no tenía un buen manager.

La banda sonora de Bill Conti se convertiría en una de las más memorables de la historia del cine, con una partitura motivacional que acompaña a la perfección la transformación del personaje y su lucha contra sus limitaciones y fantasmas.

A medio siglo de su estreno y después de nueve películas entre Rocky y Creed, el personaje interpela a nuevas generaciones de espectadores. Una de las singularidades del personaje es que Rocky nunca cree que puede ganar. Chuck Wepner, en su momento, dijo algo parecido. Estar en el ring junto al hombre más famoso de la historia del boxeo era un sueño cumplido. Pero cuando logró derribarlo y Ali se levantó furioso, se dijo a sí mismo que su meta era resistir. En el decimocuarto round, con los ojos casi cerrados por la inflamación y la sangre, el árbitro le mostró tres de dedos de su mano y le preguntó cuántos veía. “¿Cuántas veces puedo adivinar? Solo dame un round más”, le suplicó. Continuó. Diecinueve segundos antes del final, el árbitro dictaminó nocaut técnico a favor de Ali mientras Wepner lo miraba aturdido, pero de pie.

La noche anterior a la pelea de su vida, Rocky se sincera con su novia: “No puedo ganarle… En realidad no importa si pierdo… Si suena la campana final y todavía estoy de pie, sabré, por primera vez en toda mi vida, que no soy un vago más del barrio”.

  • Fuente: nota reproducida por el autor en su cuenta de Facebook

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