Respira profundo y exhala. Los alumnos, adultos mayores del Centro de Jubilados y Pensionados de Pinamar (CEJUPEPI), siguen a pie juntillas sus instrucciones, liberan energías, logran renovar el aire de sus pulmones y hacen ejercicios reparadores de dolencias originadas por el almanaque y el diario trajín.
«Primero tuve la necesidad de ir hacia mi interior, escuchar, conectarme conmigo misma; después, un mandato para transmitir mis conocimientos y compartir experiencias espirituales y físicas con personas que buscan un lugar de esparcimiento y encuentro», dijo Brenda Cabrera a Humanidad, profesora de gimnasia y yoga en las instalaciones que funcionan todo el año en Medusas al 1200 de la localidad balnearia, contigua con el hospital municipal.
Tuvo que trajinar y «tocar puertas» para llegar a ser punto de atención de cientos de hombres y mujeres (son más ellas que ellos) que concurren a clases que los transporta a un clima de bonhomía y paz; y que facilita, además, flexibilidad corporal.
Llegó con su familia a Pinamar a los 40, hace 8. Es parte, de la oleada de visitantes que eligió el partido costero para residir en forma permanente «Fue un gran cambio llegar aquí con Jairo (su esposo), un niño que recién empezaba a caminar y otro más grande que ingresaba a la secundaria y luego se fue a estudiar a una facultad en Buenos Aires», refirió.
Contenta – siempre tiene una sonrisa a flor de labios, cara pícara y ojos luminosos -, recordó que llegó a Pinamar «sin nada» en marzo de 2018 como profesora de educación física. Trabajó en distintos colegios hasta que se ubicó en forma permanente en el jardín de infantes Juan Gaviota. Acumuló horas extracurriculares, combinando movimiento, juego, arte y creatividad. Enseñó yoga en salas de 2, 3, 4 y 5 años.
«Pongo énfasis en el conocimiento y el registro del cuerpo, en descubrir la importancia de la respiración», subrayó. Suele improvisar y bromear con sus alumnos veteranos, y es tan inquieta que incursionó en circos y aprendió diseño gráfico. Con yoga, se inició en CABA.
Pinamar se transformó en una escala ascendente. Recordó: «Dí clases gratuitas de yoga en la playa. No me conocía nadie. Llegaba con mi cartel e invitaba a la gente. Muchas veces estaba sola. Me sirvió. Aprendí a seguir adelante, a confiar y entender que cada proceso lleva su tiempo», resumió.

El yoga es una piedra fundamental en su existencia. En 2018 pasó por el Centro de Jubilados – que la terminó adoptando y le festejó su cumpleaños con toda camaradería -, tocó la puerta, le dieron permiso para entrar y dejó un volante invitando a disfrutar de mañanas soleadas en la playa, practicando la disciplina hindú.
No pasó una semana, cuando la convocó Alicia Salerno, por entonces presidenta de la institución y le propuso dar talleres en el Centro, que depende de la Municipalidad local.
Ahí empezó «el encanto». Ella se puso «al pie del cañón», desglosando su saber, siendo parte de un ámbito donde se comparte, se disfruta y se conversa. «Crecimos de a poco: me alegré cuando el Centro se llenó…entendí que no había que limitarse al yoga o la gimnasia, sino acompañar y estar».
Con la renovación de la comisión directiva, que ahora preside Maria Alicia Banchs, hay cada vez más actividades, algunas libres, otras aranceladas, como natación, por caso. Mensualmente, se celebran los cumpleaños (Brenda tuvo uno especial hace unos días). Para ser socio se paga una cuota de 40 mil pesos por doce meses, que se pueden fraccionar si se percibe una jubilación mínima. Nadie queda afuera.
Brenda, además de «profe», es consejera. Siempre pone la oreja y aporta soluciones. No se excluye de ningún evento, ni de los tradicionales bodegones, donde se sirven comidas caseras a un precio módico.
Cultora del bajo perfil, confesó: «Me gusta que en mis clases haya movimiento, risas, música, conversaciones, recuerdos y vínculos…muchos que llegan para hacer yoga o gimnasia, encuentran inserción en un grupo. Hay compañerismo. Acá se sienten esperados», admitió.
Un punto clave es «el respeto»: al cuerpo, a los estados de ánimo, al otro y las diferentes velocidades de cada uno. «Todos tenemos una historia y maneras de transitar la vida: aprender a ser considerados es esencial», afirmó.
Yoga – explicó – es una filosofía que le permite a uno saber quién es y mirar al mundo. Eso es lo que quiere transmitir, con ritmos individuales.
«Quizá, de lo que enseño queda una pequeña semillita…algún día brotará. Yo voy sembrando. La premisa: aunque uno no sepa exactamente hacia dónde va, hay que animarse a empezar…las puertas se van abriendo».
-¿Querés contar algo más?, le preguntó el vocal del CEJUPEPI, Horacio Rivero, autor de este informe
-Siento que estoy acá no por casualidad, sino por causalidad. Con los adultos mayores encontré un espacio, un camino y un sentido nuevo a mi vida. Aporto desde el lugar que me toca. Aprendí que nunca sabemos dónde puede llevarnos una pequeña acción. Hay que atreverse a dejar una volante o comenzar una clase por más que haya una sola persona. ¿Mi cometido?: sembrar, acompañar y confiar.


Tengo el gusto de asistir a sus clases y todo lo que se dice en la nota es poco .
Siempre con una sonrisa recibe a todos sus alumnas , trasmite energía, hace que estemos contentos , que disfrutemos esa hora que a veces tanto lo necesitamos. Felicitaciones a Brenda por ser como es . Con cariño una alumna del CUJUPEPI