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Las tribus de los adolescentes

Quienes nacimos en este siglo tan rotundo en cambios tecnológicos, laborales, comunicacionales e ideológicos, fuimos criados de una manera distinta. Al mismo tiempo, quienes vivieron y viven esta etapa, pueden transformar sus dogmas para reemplazarlos por los actuales, mientras que otros, los conservan para desafiar la cultura actual llena de diversidad.

Mi nacimiento fue un 20 de abril de 2001. Mi madre, quien me había formado biológicamente en su panza durante nueve meses, estaba trayéndome a la vida. Mejor dicho, al mundo. La vida es algo más individualista, algo que se crea para llenar de experiencias, momentos, angustias y demás. Ésta totaliza nuestro ser. Incorpora nuestro destino, nuestras fortunas, nuestro futuro. Lo normal sería decir que nosotros, como humanos, tenemos dominio y completo control de la vida, por ende, dirigimos nuestros propios destinos.

Por otra parte, se encuentra el mundo. Éste es un tanto más complejo. Involucra al sistema, al colectivo, a todos los seres. ¿Cuántos «seres» hay en este mundo? El ser humano, el ser animal, etc. Pero yo a estos los divido en dos corrientes que van, una para un lado, y otra para otro. El ser vivo y el ser muerto. Muy poco sabemos de éste último. La conclusión de algunos cineastas es que se los reconoce como “fantasmas”, “zombies” o muertos vivos. Personalmente creo que eso es parte de cuentos para hacer películas multimillonarias en Hollywood, ganar dinero y, por sobre todo, asustar a lus niñus. Recuerdo que cuando era pequeño tenía un gran temor hacia los muñecos que poseían vida en las películas. Era algo que, mi imaginación, tan fomentada por mi ser, me hacía asustarme durante las noches. Los chicos y chicas nos criamos con la televisión, la Playstation, los dibujitos. Por suerte cuando yo era pequeño, había un poco más de control con respecto a la tenencia de celulares, hoy en día, ¡un pibe de 8 años tiene celular! Algunos padres ponen la excusa de la comunicación. Ellos mismos deberían recordar que en su época no era necesario y actualmente eso es un extremo de control comunicacional. Además de que se somete a un joven tan pequeño a la pérdida o a la presencia de un robo por tener semejante objeto de valor. Un celular no es lo mismo que un yo-yo.

Como pibe de 15 años, critico a los padres que actualmente dejan que la globalización y el consumismo llegue a la cabeza de sus hijos a tan temprana edad. ¿Quién no ha querido una pelota de fútbol o una bicicleta y la ha pedido para navidad? Aquello esta bien, porque es algo que deja al joven en un espacio libre, donde puede compartir momentos con sus compañeros de vida. En cambio, al regalarles una iPad, o una consola de videojuegos, se lo esta exponiendo a la violencia y a los peligros del mundo de los adultos. Sam Houser, uno de los creadores del famoso juego GTA, de Rockstar Games, presenta un grado de violencia inaceptable para los niños y niñas que «pasan el tiempo» con un juego, destructor de vidas virtuales. Esto sin duda conlleva un fomento al uso de armas en Estados Unidos, pero eso es otro tema al que no queremos entrar por ahora.

Los jóvenes de hoy en día formamos parte de todo y al mismo tiempo no formamos parte de nada. Vivimos con nuestras costumbres, nuestras “tribus”, como le gusta decir a mi abuela. Coincido en su definición, ya que, a pesar de estar muy alejados de lo que eran las tribus en nuestro continente antes y durante de la colonización, hoy somos otra especie. Extremadamente tecnologizados, puramente confrontativos y superficialmente denigrados. Existe una realidad en la que lus adolescentes somos víctimas de lo que algunos caracterizan como “bullying”. Esto se debe al odio, la discriminación, la superficialidad y las crianzas de los que alguna vez fueron niños. Los adolescentes nos manejamos a través de Instagram, Twitter, Youtube, Facebook, Snapchat. A este último no llegue porque me considero ya viejo para esa aplicación. Sin embargo, el Presidente se cree muy joven como para “boludear” con eso. Para nosotros, es un boludeo las redes sociales. Simplemente “pasar el tiempo”. Conseguir seguidores para que le den un corazón a nuestras fotos. Para los grandes, especialmente para los políticos, es una manera de publicitarse. Ojo, también hay jóvenes que se patrocinan como modelos, cantantes y demás, pero en ellos hay algo inocente. Simplemente, el deseo de ser escuchados, reconocidos y valorados.

En definitivo, estas «tribus», que a veces pueden ser virtuales o con amigos del colegio, fomentan la sociabilidad. Este es un punto positivo, ya que psiquiatricamente esta comprobado que los humanos necesitamos de otras personas para sentirnos bien. Si los adultos, y con esto me refiero tanto a los padres como a los creadores de contenidos mundiales, deciden des-idiotizar a esta masa tan importante de la sociedad para hacerla consciente de lo que pasa a sus alrededores, eso sería digno de elogio. Necesitamos jóvenes en las calles, reclamando por sus derechos y dignas condiciones de vida para sus compatriotas. Así, es como vamos a llegar a una sociedad más justa, cuando la juventud tome la posta realmente.

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Escritor y estudiante. Fundó Humanidad el 2016 a sus 15 años de edad.