El paro de la CGT de hoy fue contundente. Sin transporte público, las calles y las rutas fueron un desierto ¿Cambiará algo después de esta quinta huelga en la era de Mauricio Macri? Nada. Se seguirá igual: el movimiento obrero (muchos sectores acomodaticios) continuarán demostrando disconformidad con el rumbo del modelo, pero el gobierno, a tan pocos meses de las elecciones, no alterará la dirección económica ni sus ataduras con el FMI.
En rigor, la división en los trabajadores se mantiene. Por su lado, la izquierda hizo cacerolazos y provocó cortes y disturbios. Por el otro, la cautela, a 50 años del levantamiento popular conocido como “el Cordobazo”, contra el régimen dictatorial de Juan Carlos Onganía.
Humanidad dialogó con uno de los mandamás de la UOM, de la Capital Federal, Roberto Bonetti, entusiasmado por estas horas con la conformación de la fórmula Alberto Fernández-Cristina Fernández, pero sobre todo con el papel rector que le asigna a la viuda de Néstor Kirchner.

Bonetti habla con franqueza inusual. Considera devaluada a la conducción de la CGT que hoy ejercen Héctor Daer y Carlos Acuña, y aventura que la unidad llegará cuando terminen su mandato. La UOM, su gremio, respeta a la “entidad madre”, pero no a los miembros del consejo directivo. Mientras tanto, también pone distancia de Hugo Moyano y los sectores de la CTA, que en esta ocasión coincidieron en plantarse frente a Macri, porqué la situación “social se está tornando insostenible”.
Bonetti es duro, pero no come vidrio. “Nadie quiere echar nafta al fuego. El fin de Macri es inminente por la vía electoral. El pueblo es tolerante, pero cuando lo asfixian, estalla. Eso pasó en el Cordobazo: no había paritarias, los estudiantes eran atropellados. La gente salió a protestar y hubo una represión descarnada. Allí saltó la térmica y se fue todo a la mierda”, dice sencilla y gráficamente.
Para Bonetti, el argentino es un pueblo tranquilo pero no estúpido. Y cuando tiene que manifestarse lo hace con espontaneidad: mencionó el 17 de octubre de 1945, el 30 de marzo de 1982 y conjeturó, a título personal, que si Macri llegara a ganar para seguir un período más, el “estallido” sería inevitable.
Claro que supone que ello no ocurrirá por “las ilusiones” que despierta Cristina, con “Alberto como moderador y componedor” con factores de poder.
Los astros deberían alinearse después de la compulsa en las urnas. Para Bonetti, mientras más ayuda en dólareslleguen aportados por el FMI, más fuga de capitales habrá. Los gremios y las organizaciones sociales, en su criterio, se adaptarán y no contribuirán a «a las agitaciones descontroladas».

Reconoce que hay diferencias serias entre los gremios, aunque señala el pragmatismo de acordar “en torno de un asado”. También admite el desgaste de los dirigentes tradicionales, pese a que no serán desplazados de sus gremios: Moyano mantendrá la conducción de Camioneros, Gerardo Martínez, la de la UOCRA, Antonio Caló, la de la UOM nacional, Luis Barrionuevo, la de los gastronómicos, y así sucesivamente….
“Como está hoy, la CGT es maricona y engreguista”, sorprende y asegura que el paro fue adoptado porque las conducciones empiezan a reacomodarse “por olfato” al país que se viene y buscan “blanquearse”. También le concede alguna habilidad a Macri, forzado por las circunstancias. Puso el ejemplo de lo que pasó con los metalúrgicos: se firmó un convenio colectivo formal con 28 por ciento de aumento. En lo concreto, llegó al 36. “Fue el mejor en la época Macri”, sentenció.


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