Es un extraño caso de “llanero solitario” justicialista que acompaña al presidente Mauricio Macri. Deplora la actitud “derrotista” de segundas líneas del gobierno y rechaza argumentaciones del asesor Jaime Durán Barba. Se trata del candidato a vice de Juntos por el Cambio, Miguel Pichetto, quien insistió anoche que “no hay una transición, ni está todo escrito” antes que se realicen las elecciones del 27 de octubre.
Habló como un peronista de derecha. Destacó que declaraciones de Horacio Gónzalez, revindicando la lucha guerrillera de los ’70, expresiones de Juan Grabois, alentando la reforma agraria o la toma de shoppings y manifestaciones de Luis D´Elía ( a los 3 los que ubicó detrás de “la centralidad” de Cristina Kirchner), pueden provocar un vuelco en sectores de clase media, que apelaron al “voto bronca” contra Macri en las PASO del 11 de agosto.
En el programa Terapia de Noticias, con la campaña puesta al hombro, Pichetto anunció que Macri hará importantes anuncios económicos en breve para los próximos 4 años, tras haber sentado bases macro (algo en lo que no coincidió con Carlos Melconian) y abrirse al mundo desarrollado.
Agitó fantasmas ante “las tonterías y estupideces” dichas por González, Grabois y D´Elía. “No los pueden callar a estos muchachos”. Si bien los ubicó en la marginalidad, también dijo que orbitan alrededor de Cristina, quien “diseñó la fórmula y el mensaje minimalista”.

“(Cristina) no se corre. Tiene una fuerte gravitación en el contenido del FdT”, aseguró, aunque luego reconoció que tiene “problemas con su hija Florencia”, complicados por “las exageraciones y las sobreactuaciones de la justicia argentina”, que en su criterio bien podía haber dispuesto una “eximición de prisión”.
El planteo de Pichetto fue que los sectores de la “izquierda dura” del kirchnerismo pueden ayudar a dar vuelta la elección y facilitar un balotaje en noviembre.
No habló mal ni de Alberto Fernández ni de Felipe Solá, pero aconsejó dejar atrás el acercamiento con países “bolivarianos”, y vincularse con Estados Unidos, la Unión Europea, Brasil, la India y seguir exportando carne con valor agregado a China.
Mencionó que, como Durán Barba, alienta un acuerdo nacional más amplio luego del 10 de diciembre, pero discrepó con el gurú ecuatoriano porqué lo propone “en esta etapa agonal”, donde hay debatir “diferencias, propuestas, cuestiones económicas y política internacional en un marco democrático”.
No descartó tampoco un triunfo de Alberto Fernández, quien encabeza un frente con diversas fuerzas internas. Le pidió una visión “realista”, no pelearse con Jair Bolsonaro, ni entrometerse en Brasil pidiendo por la liberación de Lula, condenado en todas las instancias judiciales.
Aventuró que hay quienes en el Frente de Cristina “le quieren volver a dar con todo al campo” y denostó a los movimientos sociales que pretenden gerenciar fondos “defendiendo a pobres para generar más pobres”., en lugar de alentar la creación de trabajo.
Mencionó que Macri irá en busca además de los votos de José Luis Espert y de Gómez Centurión. Admitió que hay pobreza estructural en la Argentina, que puede oscilar entre el 30 y 40 por ciento, pero “no hambre en el sentido famélico o de inanición como en África Subsahariana”.
Evaluó que Alberto Fernández “no puede sacar a los piqueteros de la calle” que – consideró – “están mandando mensajes a éste y al próximo gobierno”.
Insistió en que no niega “la pobreza estructural”, pero no estuvo de acuerdo con la emergencia alimentaria en un país con capacidad de alimentar a 800 millones de habitantes en el mundo”.
Sobre el final, consultado por el psicólogo Diego Sehinkman, Pichetto confesó que su terapeuta le pregunta “por qué no puede ser feliz”, pero luego no quiso abundar en la cuestión.


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