No es aconsejable cargar las tintas. Más, para ser equitativos, cuando Sergio Massa se fue para un lado de “la grieta” y Margarita Stolbizer, para el otro. Los dos seguirán teniendo prestigio (¿o no?), y el periodista de Humanidad, seguirá en el oscuro anonimato.
Arquitectos (sin títulos habilitantes) de la ancha Avenida del Medio, habían convocado a la sociedad bajo la consigna: “no nos van a convencer a elegir entre un gobierno de rico y uno de ladrones”. Y se lanzaron a construir un espacio plural, con los socialistas de Santa Fe, que acaban de perder gobernación frente al peronista Omar Perotti, y otras fuerzas diseminadas por el país, en especial en la provincia de Buenos Aires.
Por rasgos propios de la Argentina, Massa, de la mano del candidato Alberto Fernández y de Máximo Kirchner, es un hoy factor clave para que el Frente de Todos, se imponga mañana en primera vuelta. Antes había hecho hocicar a Cristina Kirchner, en 2013, 2015 y 2017 ¿Para qué repetir diatribas? No hay que olvidarse que cuando un dedo índice apunta de manera acusatoria, otros 4 están incriminando al que lo hace.
Margarita, reconoce la escualidez de su espacio, pero promueve el voto remanente que le quedó, obviamente gorila (por más que no le guste a Juan José Sebreli), a favor de Mauricio Macri y María Eugenia Vidal. “Para no quedar encerrados en una visión sectaria”, justificó.
Lo que se dice: un disparo para el lado del milagro del “sí, se puede”, ante el “espanto” que le produce un eventual triunfo de la postulante a vice Cristina. Manda a elegir, en consecuencia, por “el menos malo”, según instruía cuando era influyente el gurú ecuatoriano Jaime Durán Barba.
Margarita no incide con su apoyo a lo que denominó “un gobierno conservador”, pero pretende que lleve adelante, sin amedrentarse, las causas por corrupción que recopiló en un libro y posibilitaron un encuentro con Macri. Parece desconocer que los vientos políticos soplan muy fuerte en la justicia, para disgusto de los verdaderos republicanos.
Massa, sí. Con una hábil negociación que le permitió mantener su caudal legislativo y que lo habilitará para liderar el Frente Renovador en un conglomerado heterogéneo, que deberá enfrentar desafíos monumentales si es que llega a ganar las elecciones. Su juventud le da margen para seguir aprendiendo.


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