Análisis Política

Provocaciones

Detrás de los balances y despedidas y los aprestos de asunción del peronismo, se esconden diferencias profundas. Un allegado a Francisco las caracterizó como "una carnicería".

Todos se llenan las bocas de palabras conciliadoras, pero bajo el poncho hay escondidas estocadas para horadar las paredes de la grieta. Son provocaciones que se agudizan cuando la Argentina atraviesa por una encrucijada. En su primera cadena nacional por radio y televisión, grabada con antelación (con videographs de C5N innecesariamente peyorativos y violatorios de la reglamentación legal), el presidente Mauricio Macri, hizo un balance de su gestión: como ingeniero, comunicó haber construido “sólidos cimientos” para que el próximo gobierno empiece a lograr “el crecimiento”. Justo lo contrario de lo estima quien lo sucederá el martes, Alberto Fernández, quien ratificó en igual tono que Cristina, Axel Kicillof y Sergio Massa, que recibirá “tierra arrasada”, algo parecido a caminar sobre “un pantano”.

No entorpecer. Dialogar. Consensuar para lograr acuerdos imprescindibles y enfrentar las dificultades. Eso se proclama con liviandad, mientras se consiguen “pases” de legisladores de una coalición a otra y se deslizan agravios: “traidores”. Mientras la Universidad Católica difundió, poco antes del mensaje grabado de Macri, que la pobreza llegó al 40,8 por ciento (16 millones de personas), de los cuáles el 9 por ciento son indigentes (3,6 millones). El primer flagelo sacude a chicos entre 0 y 17 años, en cerca del 60 por ciento y el segundo, peor, a casi el 15.

No era propicio el momento, pero así sucedió. Desde Brasil, en una reunión de despedida del Mercosur, junto con su amigo Jair Bolsonaro, Macri cometió el desatino de mostrarse esperanzado en que Alberto reconozca al gobierno golpista de Jeanine Áñez, alabando su convocatoria a elecciones como un ejemplo de democracia.

La pobreza alcanzó a 16 millones de personas y la indigencia a 3,6 millones, según la UCA

Reconoció Macri, sin ahondar en el tema económico-social, que “hubo muchas dificultades que no pudimos resolver”, pero agregó, con el apoyo del 40 por ciento del electorado en las urnas, que “hay un antes y un después de la República, con una democracia más fuerte, una justicia más independiente, una prensa más libre, mayor integración al mundo, más seguridad en la lucha contra el narcotráfico” y parámetros más altos de decencia.

Lamentó que “las reformas económicas no llegaron a tiempo” y enumeró una serie de logros en materia de infraestructura, electricidad y gas, “sin corrupción ni sobreprecios”.

Aseguró que lo logrado “no tiene vuelta atrás. Hoy somos un poco más tolerantes y respetuosos”. Obviamente, rescató los datos creíbles del Indec, que son los que reflejan el deterioro que se traduce en la inflación, la marginalidad, el desempleo y la falta de actividad industrial, entre otros ítems.

Usando la primera persona y en aparente reperfilamiento (expresión de moda) para después del 10 de diciembre, Macri avisó: “No me voy satisfecho”.  Y volvió a cometer un error garrafal, igual que el 12 de agosto cuando había afirmado que las PASO “no existieron” y culpado a los votantes de los trastornos en el mercado financiero. Repitió que ese resultado provocó “miedo y nos hizo retroceder varios casilleros”. Por lo visto, de nada le sirvió la corrección y el pedido de disculpas posterior.

Igual le transmitió a Fernández que “parte del trabajo está hecho” y en el  “se puede apoyar para el crecimiento”. Minimizó el tema de la deuda externa y se comprometió “desde el rol que me toque, a acompañar de manera constructiva y responsable con una presencia sólida en el Congreso, porque esto no lo soluciona un solo gobierno”.

El analista Rosendo Fraga, interpretó que Macri se quiere colocar como jefe de la oposición y que la serie de sucesos que se producirán en los próximos días, agigantarán las diferencias entre las dos coaliciones. Mencionó el acto de mañana en Plaza de Mayo, el traspaso de mando el martes en la Asamblea Legislativa, con posterior festejo peronista, y la asunción el miércoles de Kicillof, como gobernador en La Plata. “Esto irá in crescendo”, vaticinó.

Desde el kirchnerismo, Horacio Verbitzky, calificó el discurso de “un cinismo impresionante. Habló de cimientos y lo que hizo fue cavar un pozo que enterró al país”.

Verbitzky dijo que Macri “no entiende la confrontación global comercial estratégica entre Estados Unidos y China ni el proceso de militarización”. Aventuró además, que varios en Cambiemos le disputarán el liderazgo, destacando entre ellos al jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Indicó que Horacio Rodriguez Larreta es uno de los dirigentes que, junto con María Eugenia Vidal, Emilio Monzó y Daniel Lipovetzky, insistirán en que “hay que desterrar el odio de la política con fines electorales”,  como proponen Patricia Bullrich y Elisa Carrió.

A todo esto, Humanidad reparó en una declaración hecha a mediados de noviembre por el arzobispo de La Plata, Víctor “Tucho” Fernández, de inocultable proximidad con el Papa. Escribió entonces: “¿A quién se le puede ocurrir que (Francisco) venga a la Argentina, a exponerse y desgastarse inútilmente? A su edad, seguramente pensará  en qué quiere invertir los pocos años que le quedan ¿Tendría sentido venir aquí a entregarse a una carnicería?”

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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