Política Salud Pública

Balconazos

Desde el encierro en departamentos, la sociedad se pronuncia a favor del proceder del Presidente durante la cuarentena. Pero, anoche surgieron cacerolazos. Algunas reflexiones.

En el último extracto que acompañó las páginas de Humanidad, se transcribió un texto de Albert Camus, sobre lo que ocurre en el final del libro La Peste, concentrada en Orán. Se advertía allí sobre ciclos con curvas (palabra que parece ser más que una moda) que se irían repitiendo por el resto de los días. Los cambios radicales con la llegada de aires frescos y tonificantes alentados por defensores del medio ambiente, chocan con una conclusión del novelista argelino: ideas claras (y acciones, en consecuencia) acerca de la igualdad, ni con la presencia de la muerte se  habían conseguido.

El nivel de adhesión a las draconianas medidas del presidente Alberto Fernández, para prevenir los efectos de la pandemia del coronavirus a través de una cuarentena social obligatoria, es muy alto. A pesar de las dificultades, sobre todo en barrios populares y marginales, la aceptación es mayúscula. La grieta quedó tapada por el vendaval pestífero que sorprendió al poder financiero. Momentáneamente.

¿Por qué? Luego de la embestida (utilizó la palabra “miserable” para señalar con el dedo acusador a Paolo Rocca) del presidente contra empresarios que despiden gente (a tono con una advertencia de Francisco) y los que especulan con los precios de los alimentos de primera necesidad, resurgieron brotes de grieta. Brotes, como le gustaba decir a Prat-Gay, estrella anoche en un programa de La Nación +. ¿Cómo? A través de los cacerolazos parciales luego de los consabidos aplausos y gritos de las 21 a favor de médicos y enfermeras que luchan cuerpo a cuerpo contra el enemigo invisible.

Quizá sea correcto que los políticos y jueces hagan un gesto y se bajen sus salarios. Pero empezar un “cacerolazo”en esta grave coyuntura, que está en fase 1, parece provocador y mucho más con su réplica sospechosa por medios que pretenden poner una cuña entre Alberto y su vice, Cristina Kirchner, en cuarentena tras su regreso de Cuba.

Rige la democracia y está abierta la libre expresión. Pero no hay que ser ingenuos. Hay sectores enfrentados que odian. Hay por lo menos un núcleo duro del 20 por ciento que no acepta la presencia relevante de Cristina en el poder y le pica todo el cuerpo cuando escucha la palabra kirchenerismo.

Alberto procede con moderación y diálogo y flexibiliza condiciones, a tono con el cambiante y explosivo cuadro planetario. ¿Es un 80 a 20 en laArgentina? Chi lo sá.

El infectólogo Fernando Polack, le dijo anoche a Diego Sehinkman, que esta carrera es un maratón. En los primeros 5 kilometros, la Argentina viene corriendo muy bien al lado de los keniatas. Pero hay que regular el ritmo, para seguir teniendo un comportamiento efectivo hasta llegar a la meta de 42 kms, como atenienses probados.

Aplausos de aprobación (¿80%) y cacerolazos (¿20 por ciento? en ciertos barrios)

No hay balcón de la Rosada (hubo uno fugaz en la asunción). Están los balconazos en los departamentos. Prevalece el favoritismo por el proceder de Alberto, por sobre la resistencia de sectores que piensan más con el bolsillo. La mortaja no lo tiene, recordó Francisco.

Nadie cede nada voluntariamente. Los jueces miran para otro lado. En varias provincias hubo sintonía con la gente y rebajas en la administración pública, en los cargos jerárquicos. Sergio Massa (el de la ex franja avenida del Medio), intentará calmar a los que protestan con un proyecto para aplicar un severo recorte a las dietas (del 20 al 40 por ciento). El equilibrio es frágil. El tigrense se movió como pieza suelta.

Como dijo Alain Touraine, a sus 95 años, en esta ocasión no hay enfrentamiento de ejércitos. Aquí hay otro fenómeno: lo humano contra lo no humano. El virus no es un jefe de gobierno. Pero, internamente, subsisten las cosmovisiones hostilmente opuestas.

Como sociólogo e historiador, lo que más impresionó a Touraine es que “hace mucho tiempo que no sentía tal vacío, de sentido, de ideas, de interés incluso”.

“Nos encontramos en ningún lugar, en una transición brutal que no ha sido preparada ni pensada”, sostuvo.

Touraine está perplejo Opinó que la crisis empujará hacia arriba a la categoría de las personas que nos cuidan. Seguirán abiertas las posibilidades de “choque económico” con “reacciones de tipo fascista”. No quiso ahondar. Y terminó con un vaticinio positivo tras quejarse de que no se trata del virus, sino nuestra impotencia para combatirlo. “Se acabará encontrando una vacuna”, confío. Claro, con curvas, en la fluctuante relación entre humanos.

Periodista. Trabajó en Crónica, NA, DyN, Clarín, Televisión Pública, Canal 13, La Nación y en el diario Río Negro. Becado por la Universidad de Harvard, asistió a cursos de perfeccionamiento en Boston, Estados Unidos. Además estudió en Alemania y Francia.

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