Parece tonto estar siempre mirándose el ombligo. Pero es lo que está cerca. ¿Preocupan acaso más los desatinos de Donald Trump (quien sigue teniendo una base Republicana fuerte), o la cercanía con la muerte pestífera, las miserias, el descalabro económico y la incapacidad para plantarnos como una Nación única, con vertientes políticas e ideológicas no separatistas como la falsaria de Mendoza? Los argentinos tenemos que resolver nuestros problemas, atados, sí, al mundo global, aunque principalmente condicionados por lo que somos: fanfarrones de América Latina. Egocentristas como le gusta bromear al papa Francisco, jefe espiritual de millones, católicos y no católicos. En la línea de la tercera posición, inaugurada por Juan Dominngo Perón.
Los finlandeses, para ir lejos, hacen de la verdad un culto. Les avergüenza como pueblo no ser honestos. Contracara del país del «fin del mundo». Aquí se miente y se sospecha de todo. No sólo la ocasión hace al ladrón. Hay tanto afán de defraudar, que primero nos embaucamos para lograr embaucar a otros.
De ahí el manto de sombra y las trifulcas inconducentes sobre el asesinato en El Calafate. Las versiones periodísticas que indicaron que Eduardo Duhalde (¿marginal influyente?) le pidió en su última reunión al presidente Alberto Fernández que “se saque de encima” a la vicepresidenta Cristina Kirchner, se instalan en un limbo. A pesar que los hechos las desmientan.
Si pasa, pasa, se decía en el macrismo, hoy ni siquiera una sombra del “Sí, se puede”. Un empresario reconoció a Humanidad que sus pares (como tantos sindicalistas, por otro lado) se repiten como en la película de la marmota: hablan de lo mismo que predicaban hace 40 años. “Si el Estado no interviene, no salimos de este berenjenal”, admitió con sinceridad después de la reunión de Wado de Pedro, Máximo Kirchner y Sergio Massa, con 5 capitostes de ¿la gran burguesía? nacional.

Hoy, el politólogo Andrés Malamud, aconsejó leer una entrevista a su colega estadounidense Steven Levitzky, hecha por el diario La Capital, de Rosario. Es una mirada gratificante que nos hace ver hechos saludables, superadores de las pálidas.
Así como en Europa debieron atravesar dos Guerras Mundiales, para recomenzar la reconstrucción (el principio es el fin y el fin es el principio, repiten en Dark), en la Argentina hubo peronismo (¿qué representa si no Francisco en El Vaticano?), antiperonismo patentizado con bombardeos en 1955, sucesión de golpes militares, enfrentamientos atroces con muertos en la calle, desaparecidos y lo peor – mejor, por añadidura -, la dictadura genocida de 1976, que le valió la tarjeta roja a los uniformados, hasta por parte de los civiles que los usaron como instrumentos.
Como en el túnel oscuro de Dark, hay lugar para la síntesis. Veamos cuál es para Levitzky.
- A pesar de todos sus errores y deficiencias, el peronismo sigue siendo la fuerza dominante del país porque, mínimamente, pudo gobernar, mientras sus rivales no.
- Hay cierta debilidad institucional, pero la Argentina lleva sin ahogarse casi 4 décadas desde el radical Raúl Alfonsín. Sobrevivió a las crisis infernales de 1989 y 2001.
- A partir de 1982/83 hubo un consenso que sigue hasta hoy en la élite y en las masas de no querer volver a los militares y de querer competir en elecciones.
- La Argentina no tiene el estado de Derecho de Chile, pero sí una sociedad civil muy fuerte, que se moviliza, valga la redundancia, en defensa de los derechos humanos y civiles.
- La polarización es moderada. En Brasil y EE.UU. el nivel de polarización está empezando a amenazar la democracia y en Bolivia la ha tumbado. En la Argentina, la polarización entre el kirchnerismo y el centro derecha es seria, pero hasta ahora no se ve una amenaza a la institucionalidad democrática.
- Alberto Fernández busca un espacio más de centro del sistema partidario, y, si tiene éxito, ayudará a limitar o reducir un poco la polarización. Pero si fracasa, algo posible por las circunstancias, se podría terminar reforzando la polarización.
- Las crisis económicas prolongadas tienden a debilitar y minar los regímenes existentes.
Duhalde habló o no – lo más probable que sí -, mal de Cristina. Alberto calificó al rumor como fake news. Vamos a las cosas: «el cabezón» no sólo no quedó afuera, sino que el ministro de Desarrollo Comunitario bonaerense, el secretario general de La Cámpora, Andrés Larroque (kirchnerista de paladar negro), integró a sus equipos de trabajo territorial a Hilda “Chiche” González.

¿Tiene lógica? «Chiche» es la esposa de Duhalde, quien impulsó a Néstor para llegar a la Rosada y después se resignó a su propia demolición. Que, por lo visto, no resultó definitiva, porque sigue colaborando, con ese pragmatismo propio de los peronistas. Aporta un grano más a lo gastado: los gritos y arañazos que se sienten dentro de la bolsa de lo que queda de eso tan heterogéneo que es el Partido Justicialista y sus socios, magnifican una pelea de gatos en reproducción, antes que nos terminen invadiendo. Si no marcianos, serán grandes potencias que queden en pie después de la pandemia.


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