Sin nombrarlo por su nombre, el sociólogo peronista Horacio González, afirmó que «no parece razonable» que el ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, siga en ese cargo tras el «sitio feudal, con bombos sindicales y revólver en el cinto» de efectivos policiales de esa provincia a las residencias del presidente Alberto Fernández, en Olivos y del gobernador, Axel Kicillof, en La Plata, del 9 de septiembre, desactivado con aumentos y mejoras dispuestas luego de que la Nación transfiera al principal distrito del país fondos coparticipables de CABA.
En Página 12, tras comentar la película El bonaerense, de Pablo Trapero. ahondó el intelectual en el conflicto «que, aunque puede tener demandas justas, no se puede escindir – dijo -, de su penumbrosa historia, la viscosa pasta de su lenguaje, su oscuro itinerario antropológico trazado por técnicas profundas de extorsión existencial y economías de trueques clandestinos».
Confundiendo, desconoce Humanidad con qué intención, el rango (lo rebajó a «secretario» y lo definió con ironía el «Hombre de la Sala de Operaciones Médicas (sic)», González aclaró que Berni «no fue el jefe de la pueblada policial que hizo temblar las paredes de Olivos. Por el contrario».

Sin embargo, lo catalogó como «el jefe atmosférico de los climas y lenguajes más hostiles hacia la vida democrática del país. Y también – acotó -, se desempeña como jefe de la seguridad de la Provincia democrática. Dos funciones contrapuestas en la misma persona, no parecen razonables. En la película, puede ser. Per allí, no».
Criticó González a Berni por su «declamado desprecio de los derechos humanos por televisión», subsanado posteriormente con «un pedido de disculpas por Twitter». Insistió en desvincularlo de los «Conspiradores» que llevaron adelante la «carnavelizada protesta» que en nada menguó «su grado extremo de peligrosidad para las instituciones».
Le reprochó al «secretario de Seguridad» Berni, haber «fallado en prevenir una rebelión, a pesar de su sacerdocio militarista lanzado a los vientos». Interpretó González, que lo acontecido está señalando «subterráneamente, un futuro y peligroso modelo de sociedad argentina, vertical y pasteurizada».
Consideró, además, que se debe «reparar el avasallamiento simbólico» policial, creando mecanismos «institucionales con una nueva carga simbólica de mayor fuerza reconstructora de los poderes democráticos» para «desenredar este increíble ovillo de equívocos».


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