Cultura Sociedad

Las moralejas de Jean de la Fontaine

Se cumplen este 8 de julio 400 años del nacimiento del escritor francés, ubicado en el olimpo de los fabuladores junto con Esopo y Samaniego.

Por Darío Prieto (El Mundo)

“La vergüenza de confesar el primer error, hace cometer muchos otros”. En el olimpo de las “citas citables” está Jean de la Fontaine (1621-1695), uno de los escritores franceses más populares gracias a sus ‘Fábulas’: pequeños cuentos con moraleja y animales protagonistas, igual que en Esopo o Samaniego.

Este jueves se conmemoran los cuatro siglos de su nacimiento, motivo de orgullo para los galos, que siempre lo han tenido entre sus literatos de referencia. Contemporáneo de Moliere, Racine y Boileau, perteneció a la generación de precursores de la Ilustración.

De la Fontaine es conocido principalmente por sus ‘Fábulas’, cuyo primer volumen apareció en 1668, cuando el autor contaba con 47 años. El último vio la luz en 1694, un año antes de su muerte.

En ellas, De la Fontaine se dedicó básicamente a adaptar al francés los relatos de Esopo (como ‘La zorra y las uvas”), pero también de otras tradiciones literarias, como las orientales y musulmanas.

Valores para niños y grandes

La Cigarra, después de cantar todo el verano, se halló sin vituallas cuando comenzó a soplar el frio del invierno: ¡ni una ración fiambre de mosca o de gusanillo!

Hambrienta, fue a lloriquear en la vecindad, a casa de la Hormiga, pidiéndole que le prestase algo de grano para mantenerse hasta la cosecha. “Os lo pagaré con las setenas”, le decía, “antes de que venga el mes de agosto”.

La Hormiga no es prestamista: ese es su menor defecto. “¿Que hacías en el buen tiempo?” —preguntó a la pedigüeña. “No quisiera enojaros, pero la verdad es que te pasabas cantando día y noche. Pues, mira: así como entonces cantabas, baila ahora”.

Concebidas en un primer momento como historias para un público adulto, la aparición de animales y la inclusión de moralejas al final de las narraciones provocó que se hiciesen populares entre los niños, hasta el punto de que padres y profesores obligaban a memorizarlas y recitarlas. Las ediciones de las ‘Fábulas’ que se publicaron en la época estaban dedicadas al Delfín de Francia, por aquel entonces el hijo mayor de Luis XIV.

Esto contrasta con el escaso interés que De la Fontaine sintió por la infancia, empezando por la que tenía más cerca. Casado con una joven de 14 años (12 menos que él) a través de un matrimonio forzoso, abandonó pronto el hogar familiar tras hacer una separación de bienes y se instaló en París, donde mantuvo una ajetreada vida amorosa. Fruto del matrimonio fue un único hijo, que su madre crió ella sola, aunque el escritor los visitaba frecuentemente. Una leyenda apócrifa señala que, en una ocasión, le presentaron a su propio vástago y De la Fontaine respondió: “Ah, sí. Ya decía que su cara me sonaba de algo”.

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