Argentina Sociedad

Lucha en el Coliseo de la arena atlántica de vendedores ambulantes

El acuerdo macro con el FMI analizado hoy por uno de los periodistas de elDiarioAr, surfeó por la economía popular playera. "Los permisos se venden", afirmó un vendedor ambulante de Pinamar, donde se viralizó el incidente con el churrero.

«La economía (popular) de nuestras playas, es una economía de la Argentina», se descolgó Martín Rodríguez, al abordar hoy en elDiarioAr, el acuerdo con el FMI, al que definió como «una isla de intransigencia en un mismo mar de concesiones».

En su nota dedicó varios párrafos a la historia de José, un vendedor ambulante que llegó del Gran Buenos Aires a Pinamar en el 98, cuando tenía 16 años y cuya actividad quedó expuesta esta temporada por «el churrero» que «iba a ser decomisado por la policía y fue defendido por los veraneantes».

«Uno de los defensores del churrero – contó Rodríguez -, portaba el libro de Pablo Stefanoni (“¿La rebeldía se volvió de derecha?”). La foto podía mostrar la paradoja del título aunque el churrero, que en el mercado laboral tiene todas las de perder, en la industria de las redes y las crónicas tendrá todas las de ganar: un héroe en un distrito amarillo», administrado por el intendente Martín Yeza.

El incidente del churrero de Pinamar, viralizado en las redes sociales

«Eso es la economía: muchos van a la playa y varios van a laburar. José empieza su rato libre a las 8 de la noche cuando las playas se vacían. Imagino que se sacude del pelo rapado la arena y dice: Vine a trabajar acá en el año 98, en la playa hicimos una Asociación de Vendedores que hoy es un monstruo, se hizo monopolio. El trabajo era venir, trabajar y vender 5 mil, 6 mil pesos por día, cuando eso era un montón de plata, ¿no? Con bebidas, alquiler y comida se te iban mil pesos. Y te quedaban 5 mil limpios para guardar, ponele. Y así en 10 días tenías 50 mil. Estamos hablando de los años 90″.

«Ahora – relata José – , hay permisos que son otorgados a cierta gente y esa gente tiene empleados. Pero para entrar es un tipo así, de política a dedo. Y esa gente a quien otorga el permiso da trabajo y maneja como soldados. Nosotros decimos el Coliseo porque es una pelea sobre la arena. Territorial. Al haber tantos cupos de carros, entonces ya ahí juega la camiseta de la antigüedad, del que tiene más huevos y no se deja pasar. Hoy por hoy un vendedor gana 10 mil pesos por día. Y un dueño gana 20 o 25 mil por día, depende de cuántos carros o permisos tenga”

Rodríguez concluyó su relato así: «José eligió quedarse a vivir en la costa cuando tuvo una hija. Vive conmigo, es mi motorcito. Antes hacía el camino de ir y venir de diciembre a marzo. En general la gente de acá busca gente de afuera porque a los de acá les da vergüenza o se dan cuenta de ciertas cosas. Ahora hay más permisos y hay más población en cantidad de carros y eso juega en contra en algunas cosas. Además está metida la política y cosas de magnitudes que uno no imagina, con punteros. Creo que en su mayoría las cosas se manejan así. Yo milité mucho tiempo y lo hacíamos con otro punto de vista. Y la realidad es que las cosas van a seguir siendo así hasta que haya un movimiento distinto. No hay un movimiento social que diga que entreguemos los permisos a los que necesitan, no a los que se acomodan. Acá los permisos se venden. Ésa es la realidad.”

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